Historias desde fuera de la cárcel (1): el porqué


Uno de mis primeros trabajos como médico fue en una prisión. Como lo oyen. Durante un mes de agosto estuve haciendo una sustitución en la antigua prisión provincial de Córdoba. Y ya saben: Córdoba en verano = calor de la hostia.

Pero lo peor no fue el calor sofocante (al cual nunca me acostumbré a pesar de haber pasado más de 13 años en esa ciudad). La cárcel era muy vieja y las condiciones de trabajo y habitabilidad (y las de los funcionarios y, sobre todo, los internos) eran pésimas. Algunos reclusos estaban hacinados en celdas con escasa higiene y la droga y la violencia eran el pan de cada día. Mi estancia fue fugaz, pero intensa. Aprendí mucho más en un mes que en muchos años de carrera.

Fue casualidad que me enteré, a través de un amigo, que buscaban médicos para trabajar en la prisión. Había acabado la carrera meses antes, y como vivía fuera de casa me tenía que ganar la vida. Trabajaba por aquel entonces en una clínica privada en un pueblo cercano a Córdoba, por 450 pesetas la hora, donde hacía las veces de médico, enfermero, auxiliar, celador, administrativo y limpiador, en clínica y a domicilio en un seat panda que se caía a pedazos. Quería salir de allí como fuera, pero no había mucho curro.

La oferta de la cárcel era, comparativamente con lo que tenía, “tentadora”. Dos meses de sustitución (uno para mi compañero y el otro para mí) cobrando el doble de lo que hasta ese momento cobraba, lo cual no hacía al mes ni 150.000 mil pesetas: un mileurista de la época. Y ni siquiera era un contrato público (los profesionales sanitarios dependen del ministerio del interior; ahora están pidiendo pasar a ser considerados dentro del sistema nacional de salud), ya que quien te reclutaba era una clínica de Madrid que hacía las veces de empresa de trabajo temporal (sí, así de cutres son…). Horario de mañana, con una semana entera de guardia localizada, y sin desplazarme fuera de la ciudad. Acepté, en parte porque no tenía muchas alternativas, en parte porque me picaba la curiosidad.

Y a decir verdad no me defraudó la experiencia…

(continuará)

Foto: Tuol Sleng Genocide Museum – Security Prision 21, por Wagner T. Cassimiro “Aranha”


3 comentarios on “Historias desde fuera de la cárcel (1): el porqué”

  1. Una de mis fantasías siempre ha sido ser médico de una prisión. La fantasía de mi trabajo de mi suficiencia investigadora era “Riesgo cardiovascular en población reclusa”, un tema cojonudo que fue imposible realizar.
    Sigue contando Enrique… Cuéntanos una buena historia. ¡Aunque te la inventes! Un abrazo

    • Rocío dice:

      Roberto, en el talego hay muchos problemas cardiovasculares provocados la gran mayoria por el consumo de drogas.
      Si que es apasionante pues cada día es una bomba de relojería, nunca sabe lo que va a suceder.

  2. Juana dice:

    Pues permaneceremos atentos a lás próximas entradas.


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