Contra el bipartidismo


vía @javierpadillab e @iescolar

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Living in the ghetto


Vivir con menos dinero, según veíamos el otro día, condiciona el nivel educativo y éste a su vez está asociado a mayor riesgo de sufrir infartos. Pero también comporta mayor riesgo de enfermedad haber tenido la mala suerte de haber nacido y vivido en un barrio del cuarto mundo.

Así al menos parece vislumbrarse de dos estudios recientes publicados en el mismo número de la revista American Public of Public Health. En el primer estudio, se analizó el impacto de vivir en una zona deprimida sobre el riesgo de padecer 6 enfermedades crónicas de alta prevalencia en la edad adulta, como son la diabetes, la hipertensión (¿o podríamos considerar ésta no como enfermedad, sino como factor de riesgo?), problemas cardíacos, enfermedad cerebrovascular, cáncer y artritis. Los resultados revelan que las mujeres son más sensibles a su medio ambiente social, ya que las que viven en ambientes económicamente más desfavorecidos y en zonas con mayor conflictividad y violencia tienen más posibilidades de padecer problemas de corazón (odds ratio [OR] = 1.20; P < .05) y cáncer (OR = 1.25; P < .05, mientras que los varones “sólo” tienen más riesgo de cáncer (OR = 1.31; P < .05).

Algo similar ocurre cuando tienes la desgracia de haber nacido en un país con un sistema de salud no universal y liberalizado, como ocurre en Estados Unidos, y padeces de un cáncer, pongamos de cólon. No sólo serás tratado con pautas quimioterápicas inadecuadas, sino que tendrás menor supervivencia. Resultados que tienen sin duda que ver no sólo con las posibilidades económicas, sino con el acceso a la asistencia sanitaria en dos sistemas de salud diferentes.

Una prueba más de que los servicios en salud no deben proveer diferentes caminos de atención sanitaria (público-de beneficiencia para los no pudientes, privado-de excelencia para los que se lo pueden permitir), ni de forma directa ni encubierta (como desgravando impuestos a los que concerten seguros privados). ¡A no ser que quieran agrandar las desigualdades en salud o abandonar el principio de universalidad, claro!

(Foto: Martutene Ghetto 2008, por street-zinema)


Miedo me da


Farmaindustria, la patronal de los medicamentos “innovadores”, mueve ficha presionando a unos y a otros. Veremos el resultado en breve. Miedo me da…


¡Indignémonos!


Hace unos días conocí la publicación de un libro pequeñito pero matón, de un tal Stephane Hessel, hombre de movida y comprometida biografía. En este libro, Hessel nos invita a indignarnos. Y es que sostiene que uno de los motivos por los que no nos movemos y reivindicamos cambios que nos mejoren el día a día es porque no encontramos con facilidad contra qué luchar. Y no es por falta de motivos, como él mismo nos trata de recordar en su libro.

Los ajustes de los servicios públicos están a la orden del día, y los políticos parecen haberse conjurado en hacernos sentir que la situación no es sostenible, que recortar lo ya de por sí recortado es necesario. Reflejo de la crisis de valores y de ideologías, la sanidad está a merced del mercado.

Por tanto, tenemos motivos más que de sobra para indignarnos, para hacer saber que no estamos dispuestos a asumir políticas que acabarán con el sistema públicos de protección y asistencia sanitaria y conllevará una mayor desigualdad en salud entre los más adinerados y los desprotegidos.

¿Se mantendrá la calidad de los servicios con estos recortes? ¿Qué entienden por calidad? Que se lo digan a los desesperados de las listas de espera… y a muchos que no tienen la culpa de haber sido víctimas de un sistema que ha creado una fuerte dependencia de las personas con enfermedades crónicas hacia el sistema sanitario y la industria farmacéutica, entre otros afectados por el recorte…
Cuando hablan de medidas de eficiencia, ¿se refieren a la implantación de la historia clínica compartida para que los usuarios tengan garantizada una comunicación fluida entre profesionales y que a la vez garantice su seguimiento, su seguridad y evite duplicidad de pruebas? ¿Se refieren a crear espacios de discusión y comunicación entre profesionales de los diferentes niveles asistenciales? ¿A apostar por fármacos genéricos, pero de manera racional (no manteniendo la multiplicidad de marcas que sólo fomentan la confusión entre los usuarios, poniéndolos en peligro)? ¿A garantizar que la receta electrónica evite stocks de medicamentos en los botiquines de las casas? ¿A evitar la medicalización de la vida? ¿A fomentar la educación para la salud y la autorresponsabilidad? ¿A implantar políticas que favorezcan que las medidas adoptadas por un departamento no entrenen contradicción con una adecuada promoción de la salud?

(Texto de un correo masivo, vía Carmina)

(Foto: “Historias clínicas“, por José María Pérez Núñez)


Sinceridad en política


Por mucho que sea penosa la actitud de algunos políticos cuando no saben nada sobre lo que se supone que debían saber o cuando no saben cómo intentar engañarnos, casi que prefiero la sinceridad de la ignoracia

a que nos intenten tomar el pelo

Zapatero niega que el Gobierno haya cambiado su política nuclear

(Video vía JC. Gómez M.)


Víctimas del olvido


Desaparecidos es el nombre del nuevo proyecto del fotógrafo Gervasio Sánchez.

Las fotos de esta serie se expondrán simultáneamente en el MUSAC (29 de enero), el CCCB (1 de febrero) y La Casa Encendida (2 de febrero).

Una de esas fotos es la del Garage Olimpo. Un centro clandestino de detención provisional de Buenos Aires, de donde partían los presos políticos que luego tiraban al mar del plata, atados a bloques de hormigón (los que no morían torturados).

Nada mejor, para recordar lo que nunca debió suceder, que ver esta interesante película.

O que leer estos estremecedores relatos.

Cualquier cosa antes que olvidar lo bestialmente indigno que puede llegar a ser el ser humano…

(Foto: Olimpo, de la serie “Desaparecidos“, Gervasio Sánchez)


La verdadera epidemia de la sociedad actual es…


…ni la gripe,

…ni la crisis económica,

…ni el desempleo,

…ni el cambio climático.

La verdadera epidemia de la sociedad actual es

la obsolescencia programada.

Y que afecta no sólo a los bienes de consumo

ni sólo a los servicios,

sino también a las ideas y proyectos.

Todo parece programado para durar poco

y someterse a las reglas del mercado y del consumo.

Todo…