Post or perish?


Hace 4 años y medio escribí mi primera entrada en un blog. Dicen que los blogs se parecen, como los perros, a sus dueños. Pero éste no era mío personal, así que, aunque me veo reflejado en la mayoría de lo que allí escribí, no fue hasta que comencé en saludyotrascosasdecomer cuando me comencé a sentir como yo soy.

Al principio hacía esto de escribir en un blog por pura diversión. Como una forma creativa de pasar el rato. Pero poco a poco comencé a tachar más cruces: que si me  ayuda a estar actualizado, a leer y aprender, que si me sirve para encontrar almas gemelas o simplemente compañeros con los que pasar virtualmente un rato tomando cervezas imaginarias, que si me permite compartir y generar conocimiento, que si es una forma de activismo, como una especie de barricada en donde pertrecharme ante las situaciones injustas e indignas de la vida y del mundo que me ha tocado o que he elegido vivir, como es el mundo sanitario, etc.

Como diría una chica que una vez conocí en Córdoba: ¡PATRAÑAS! Puro ego. Quien escribe en un blog lo hace básicamente para alimentar su ego. Lo puedes disfrazar de mil maneras diferentes, pero en definitiva se trata de YO y YO, y en tercer lugar YO.

Pero esa no es la única cuestión. Resulta que luego te metes en una espiral de publicar y publicar, hasta que te encuentras opinando de todo, con o (la mayoría de las veces) sin crédito. Sin quererlo te conviertes en un infoxicador más. Casi como el de este chiste. Y, como quien habla de mucho y muchas veces, la mayoría de las cosas que uno puede hablar en un blog son totalmente PRESCINDIBLES. Y, lo que es peor: la capacidad de ser original es inversamente proporcional al número de entradas que publicas al mes. Ni el propio Julio Bonis se escapa a esta lógica. Lo que quiere decir que en cuanto revisas el archivo el hartazgo de ver que casi todas las entradas giran en torno a los 3-4 temas de siempre es indigerible.

Y (digo ésto exagerando, como buen andaluz, pero lo hago para que me entendáis) te ves un buen día que no puedes dormir porque estás dándole vueltas a una entrada que tienes en la punta de la neurona. O como vacío por no haber publicado nada ese día. O decepcionado porque la entrada que pensabas que había sido demoledora no la ha leído ni cristo. O contrariado si alguien te critica sin tú saber porqué. Y lo divulgas en twitter, y en facebook, firmas tus correos electrónicos con los links de tus blogs, y te metes a hacer comentarios en blogs ajenos para ver si así, siguiendo tu huella, consigues arrancar un puñado de entradas diarias más.

Y te llaman de la radio, y en quince días te hacen dos entrevistas en las que te repites más que una papilla de pepinos sin E. coli. Y te conviertes un día en una especie de gurú de “esto de la blogosfera sanitaria” y al año siguiente, por haber sido algo crítico en alguna ocasión, te encasilllan en el lado de los “anti-gurús”. Curiosa esta dialéctica de “los buenos” y “los malos”. Ahhhh!

Y te reclaman para participar en unas jornadas porque han leído algo en el blog que les ha gustado a los locos de la organización. O te ves escribiendo artículos para revistas o libros por el mismo motivo. Y comienzas a decir que no a congresos blogosféricos y demás eventos adláteres.

Y descubres que tu blog a veces tiene vida propia, que en realidad lo que has hecho es crear un monstruo que sólo se contenta con más y más entradas. Como quien va a un restaurante caro y le sirven no más que platitos minúsculos, lo único que deseas es pasar la página, comerte la nueva entrada, sin darte apenas cuenta de que es tu propio blog el que te está comiendo, el que se alimenta de tí. ¡Maldita obsolescencia bloguera! ¡Maldita leyenda 2.0! ¡Malditos 140 caracteres!

Y, lo que es incluso peor, lo peor de todo: que ya no te diviertes como al principio…

Y un día te paras y te haces de verdad la pregunta que lleva mucho tiempo rondando la cabeza:

¿Sigo o no sigo? To post or to let it perish? Esa es la cuestión…


Desandando lo andado en la era 2.0


Si bien la medicina basada en la evidencia no da respuestas a todo, lo que los datos demuestran demostrados están. Lógicamente, las vidas humanas, los testimonios emocionales, las vivencias personales, lo cualitiativo, lo humano y lo divino, no tienen mucha cabida entre NNT, gráficas y árboles de decisión. Se le pueden achacar muchos defectos a “la evidencia científica”. Pero a la hora de la verdad a todos se nos llena la boca de la palabra “evidencia”, y a nadie se le ocurre pedirle a los políticos que no se dejen llevar por argumentos técnicos “basados en la evidencia”, sino todo lo contrario. Y si un gerente no pone en práctica intervenciones que han demostrado su costeeficiencia, sería tachado inmediatamente de “inútil”. Y si un médico deja de poner un tratamiento recomendado según la evidencia, se expone a ir a un escarnio público.

¿Porqué cuento todo ésto?

Pues resulta que en la era de lo 2.0 están aflorado los llamados “lay experts”. Expertos profanos, podríamos traducirlo. Personas normales y corrientes cuya única arma es cualquier dispositivo que esté “conectado” a la red. De ahí el otro término: conectividad. Conectividad que permite llegar a mucha gente, de forma asincrónica, en cualquier punto del planeta y en cualquier momento. Conectividad que permite llegar a la información, triturarla, deconstruirla y servirla, adulterada o comestible, en platos en forma siempre de pequeñas porciones, por favor. Y que permite manosear hasta la saciedad los conceptos y los argumentos hasta a veces descontextualizarlos y así poder dejarlos desnudos, sin sentido, para poder desarmarlos y vencerlos con mayor facilidad.

Así, los lay experts son carne de cañón de empresas tecnológicas y farmacéuticas, que los utilizan para espolearlos en contra de los políticos y gerentes arbolando una nueva cultura de empoderamiento ciudadano y consiguiendo al fin atraer sobre ellos la atención presupuestaria suficiente como para saciar su necesidad egocéntrica de salud.

Un ejemplo de ellos lo vemos en este profundo análisis de Kristin Barker, socióloga norteamericana. Esta investigadora ha analizado las reacciones de las guerrilleras 2.0 a las recomendaciones del U.S. Preventive Services Task Force sobre el uso de la mamografía. Recomendaciones, por otro lado, basadas en la evidencia. Pero que a las “nuevas activistas sociales” no les parecen tan recomendables. Vamos, que directamente las intentan ridiculizar, cuando no las tachan de asesinas.

Las tecnologías 2.0 nos ofrecen muchas, muchas, muchas oportunidades para progresar, para incorporar la perspectiva, cuando no directamente la participación activa, del paciente, para desbancar el predominio insultante de los pretendidos “expertos” y de muchos médicos que no merecen serlo, para realmente dar poder, control, recursos y herramientas para que todos dependamos menos de la sanidad para estar sanos, para que la democracia real sea un hecho también en los servicios sanitarios, para mejorar la transparencia de las instituciones y empresas que trabajan en este sector… se me ocurren mil cosas más, mil aspectos positivos más.

Pero, señores, si el rollito 2.0 va a traernos marujas “conectadas” u hombretones i-phone en mano demandando más y más y más, lo siento, pero conmigo no cuenten.


¿En qué ha cambiado Internet la relación médico-paciente?


Esa es la pregunta que un grupo de inquietos holandeses se ha hecho. Pero no crean ustedes que nos dan la respuesta. Allanan algo el terreno, eso sí. Simplemente categorizando las posibles respuestas. Así que !abran juego, señores¡


Por una blogosfera sanitaria libre


Cuando se cumple ahora casi un año del #1CBS y estando cerquita de su segunda edición, el debate sobre la financiación del congreso vuelve a la escena. Ya el año pasado hubo comentarios, algunos de ellos un tanto obscenos y poco afortunados (“habéis puesto el culo para que os la meta la industria”, y similares), otros muy oportunos ya que obligaron al comité organizador, entre los que estaba yo, a dejar las cosas claras.

Pero en este último año, señores, el panorama de la blogosfera ha cambiado. La blogosfera ha perdido la virginidad. Y no sólo, desde luego, por la saga de los #CBS. Ya en el primer congreso blogosférico se pudo percibir el gran interés que había en este fenómeno: muchos curiosos que buscaban la forma de poder sacar tajada, aunque fuera pequeña, en este pastel (o bizcocho-burbuja) hicieron los contactos oportunos y establecieron las alianzas que les han permitido sacar ventaja sobre otros competidores. Ahora proliferan las agencias de comunicación que intentan colarte gratuitamente en tu blog una nota de prensa bajo el pretexto de divulgar “información relevante en salud”, llueven las ofertas para intercambiar links (una forma muy cutre e inocente de buscar promocionarse), las plataformas que intentan agregar contenidos ajenos sin aportar nada propio y poder empaquetar un producto vendible a las agencias publicitarias (no os perdáis los comentarios de esta entrada, por favor), las consultoras que contactan con los nuevos influyentes para que generen algo que solemos hacer muy bien como son las ideas a un precio generalmente irrisorio o con falsas promesas de copar puestos al lado de los dioses del olimpo, y mil y una estrategias para repartirse el pastel del conocimiento colectivo (o de cómo engañar a un iluso bloguero para que trabaje para ti a cambio de darte “visibilidad”, “reputación” e incluso cierta “fama”). Y lo peor de todo, es que hay algunos que han caído en la trampa, de alguna u otra manera (incluso yo mismo alguna vez, lo confieso). ¿De verdad que somos tan tontos?

Y ha cambiado también porque hay bloques muy bien definidos entre los más críticos y los buenrollistas, de manera que la distancia entre ambos parece cada día más insalvable. Y ha cambiado porque las grandes multinacionales de las telecomunicaciones y las tecnologías sanitarias están asomando y tratando de actuar de imanes silentes que atraer talento dispuesto a ejercer de apomediadores de pacientes empoderados (¡qué palabros, verdad! Palabros para un mundo pretendidamente 2.0 que actúa como 1.0 y, sobre todo, parte de los mismos esquemas pero con un envoltorio virtual). Y ha cambiado por que está comenzando a dar visos de perder su esencia y su frescura. Y ha cambiado porque hay demasiada gente con espíritu vouyerista pendiente de ella, como quien ve los toros desde la barrera. Y ha cambiado porque hay demasiadas manos manoseando y pretendiendo manipularla.

Señores. El río de la blogosfera está revuelto, y algunos pescadores se van a poner las botas. Y otros, como bobos, mirarán para otro lado, probablemente a la luna.

Si alguien aún cree en esto de la blogosfera sanitaria tal y como había sido hasta ahora, debe, con fuerza, gritar POR UNA BLOGOSFERA SANITARIA LIBRE (y a ser posible, libre de humos, por favor). Y si no, a otra cosa, mariposa.


Participación


Hace ya tiempo que tuve que renunciar a leer un libro de corrido. A lo máximo que puedo a aspirar, al menos por ahora, es a leer a chispazos. Abrir un libro por una página cualquiera, y dedicar 5, diez minutos, como mucho.

En una de estas lecturas relámpago, de éste libro, pude leer el siguiente pasaje:

Aronson describe la interacción en el aula que tuvo ocasión de observar entre una profesora y sus estudiantes a lo largo de varias semanas. La llamó la atención el que los alumnos reaccionasen de forma diametralmente opuesta a las preguntas que la profesora planteaba a toda la clase. Un grupo reducido de estudiantes (entre seis y diez) levantaban siempre la mano mostrando su deseo de responder a las preguntas. Frente a ésto, muchos alumnos hacían exactamente lo contrario: desviaban la mirada, como si quisieran hacerse invisibles, como si tratasen de refugiarse en la evitación del contacto visual con la profesora para conjurar el peligro de tener que responder ante toda la clase.

Subraya el autor que la profesora iniciaba el curso con la firme decisión de tratar a todos los estudiantes por igual y de alentarle a todos a dar lo mejor de sí mismos. Sin embargo, el procedimiento de lanzar preguntas a toda la clase consigue, indirectamente, que los propios estudiantes se autoasignen a grupos diferentes. El grupo de los entusiastas, el de los estudiantes siempre deseosos de contestar a las preguntas de la profesora y activos participantes en la marcha de la clase, que se caracteriza por sus buenas notas en los exámenes, es muy gratificante para la profesora. Ésta corresponde a su esfuerzo con alabanzas y palabras de aliento, consciente de que depende de ellos mantener el buen ritmo de la clase.

A los alumnos que no destacan precisamente por su entusiasmo a la hora de contestar a las preguntas de la profesora les aguarda un futuro muy diferente. Al comienzo del curso, la profesora les intentó involucrar en la marcha de la clase, por tras verse frustrada una y otra vez por su falta de participación, tomó la decisión de ignorarles. La profesora se autojustificaba pensando que, de esta forma, respetaba su negativa a participar y no les exponía al ridículo delante del resto de los estudiantes. Tal vez no era consciente de que, al mismo tiempo, acrecentaba todavía más la diferencia entre estos dos grupos de estudiantes.

Inmediatamente me he acordado de mí mismo, porque de alguna forma yo también, cuando actúo como docente, hago lo mismo, sin darme cuenta, que esta profesora.

Y también me he acordado de las tecnologías e-Health o de Medicina 2.0, al las que se le suponen una serie de atributos teóricos entre los que está la participación y la colaboración.

Al igual que a la profesora del pasaje del libro, a la e-medicina le puede estar pasando algo similar. Suponer, sobreentender. Equivocarse, en definitiva, con el agravante del engaño a sí mismo (y a los demás). Los atributos teóricos de la Salud 2.0 han de ser demostrados. Y por ahora, mucho ruído pero pocas nueces.

[Foto: Asamblea al Sol (18M), por Javi S&M]


Imaginad un mundo sin marcas


Un mundo en el que los medicamentos fueran iguales, no sólo en cuanto a bioequivalencia, sino también en cuanto a apariencia, de manera que el médico y demás profesionales facultados para prescribir no tuvieran ninguna necesidad de prescribir marcas de medicamentos porque éstos no existirían ni para el ojo del paciente ni para el prescriptor ni para el farmacéutico.

Algún iluminado surgiría de entre las entrañas de lo absurdo para intentar hacernos ver que la auténtica libertad de prescripción no está en poder elegir sin presiones el fármaco a recetar, sino en poder elegir la marca. Como quien puede elegir entre movistar y amena.

¿Dónde queda la libertad, la verdadera, no ya sólo la de consumo? ¿En qué consiste la libertad? ¿De veras somos libres? ¿Es ejercer el derecho a a libertad sólo poder prescribir lo que uno considere? ¿Dónde queda el paciente? ¿Dónde están las demás “libertades”? ¿Nos creeremos eso de que somos profesionales liberales o sólo cuando veamos amenazada una mínima parte de ella?

¡Qué pena que nos hayamos cargado entre todos el sentido de la palabra libertad!

Dedicado a todos los hombres libres, para que hablemos de la LIBERTAD en mayúsculas, y no nos detengamos sólo en sus parcelas crepusculares.


La brecha digital, a vista de satélite


Un ingeniero canadiense que trabaja en una famosa red social se ha entretenido en plasmar en un mapa del mundo la intensidad del uso de las redes sociales. Et voilà!, éste es el resultado:

Las zonas con menor densidad de redes sociales tal vez sean las más despobladas, pero también las más pobres. La brecha digital en sus diferentes formatos (entre pobres y ricos, entre gente con estudios e ilustrados, entre jóvenes y mayores), no sólo sigue siendo un problema, sino que cada vez es más amplia.