¿Informes clínicos en las farmacias?


Todos sabemos que los médicos de familia a veces tenemos que actuar como médicos de nuestra propia familia. A mi me tocó el miércoles santo, llamada por teléfono a las 8 de la tarde, que fulano estaba muy malo en el hospital.

Casualmente a mi llegada estaban ya dándole el alta. Le prescriben dos medicamentos, uno de ellos una benzodiacepina. No dan receta, ni monodosis. Apáñatela como puedas. “Bueno, no te preocupes, si quieres voy yo a la farmacia, como soy médico me la darán sin receta”.

Mi sorpresa es mayúscula cuando al pedir los medicamentos en la farmacia me piden el informe, le hacen una copia y se quedan ellos con el original. Les hago llegar mi malestar: si quieren justificar la receta de benzodiacepina, lo cual es lógico, entendía dos alternativas posibles: 1) que se quedaran con una copia del informe en el que tapen los datos clínicos, quedándose con la filiación del paciente y el tratamiento prescrito; o 2) que me dejaran un papel en blanco y les hacía una receta firmada por mí, que para eso soy médico. Pero de quedarse el informe clínico, nada de nada.

Lo mismo estoy equivocado… ¿Qué pensáis?

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Una psicosis de lo más ordinaria


En una era donde el individualismo es un valor más extendido que el colectivismo, donde la primacía del sujeto está por encima del bien social, en el que las redes sociales (y no me refiero sólo a twitter o tuenti, sino a las tradicionales redes de amigos y allegados) han perdido su consistencia, algunos psicoanalistas y psicólogos apuntan a la emergencia de una nueva forma de psicosis.

Se llama la psicosis ordinaria, una enfermedad de nuestro tiempo. Y por lo que se intuye, más frecuente de lo que pensamos.

Los que la padecen son personas adaptadas, se confunden entre la masa de “las personas normales”. Nada que ver con la florida sintomatología de los psicóticos de toda la vida, desordenados, inadaptados y frecuentemente víctimas de una sociedad que no los entiende y que los aparta.

Según me comentó la persona de la que aprendí esta nueva patología, Jesús Ambel, psicoanalista lacaniano de Granada, “en su origen está la falta de referencias externas, o el debilitamiento del anclaje del sujeto en la estructura social”; aunque también, intuyo, que es fruto de una débil construcción interior. El “empoderamiento”, a pesar del auge de lo 2.0, sigue estando en horas bajas…

(Foto: “Psicosis“, por Ángela Jarpa)


¿La fórmula de la felicidad?


El 99% de todo lo que preocupa a la gente son cosas que nunca han pasado ni pasarán.

La felicidad no viene de conseguir algo; la felicidad viene de tener deseos de levantarse por la mañana. El 97% de la gente no sabe porqué se levanta por las mañanas.

La gente que sepa porqué vivir, encontrará el cómo.

Si algo no te apasiona, lo siento, no lo hagas.

Lo peor que hay es un tonto motivado.

Cómo podría tener un niño maravilloso? Siendo maravilloso.

La gente negativa atrae a gente negativa: los amargaos van a tomar café juntos.

Y así, otros cientos de dianas en apenas 50 minutos. Vale la pena ver éste vídeo por lo que dice -aunque tengo claro que la felicidad no depende sólo de una mismo-, pero sobre todo por el cómo lo dice: al menos es divertido…


Terror nocturno inducido por los Gormiti


En una de mis últimas guardias, poco antes de la madrugada unos padres me trajeron, asustados, a su hijo, digamos Pablo, de tan sólo 4 añitos. Se había comenzado a mover en la cama, inquieto, y poco después se puso a gritar, como loco, sudoroso, frío y pálido. No lograron despertarlo del todo. Y Pablo empezó a dar vueltas por la casa, como ido.

Al llegar al centro de salud Pablo ya no estaba sudoroso, ni pálido, ni frío. Estaba por fin despierto, sí, pero totalmente ausente. Me senté al lado de él, y comencé a reconocerle mientras le hablaba. Pero Pablo no respondía. Ni siquiera me seguía con la mirada.

“¿Qué te da miedo, Pablo?”

Silencio.

“¿Qué estabas soñándote, Pablo?”

Ausencia.

“¿Son los Gormiti? ¿Te han despertado los Gormiti?”

Y Pablo, al fin, volvió sus ojos a mí. Y lo hizo con una mirada de pánico, mientras asentía con la cabeza, casi llorando…

Y es que nada más ver la cara de estos monstruos ya a uno le da un poco de repelús…


Pioneros de la Atención Primaria española


En numerosos textos y en los cursos de introducción a la medicina de familia que los sufridos R1 tienen que aguantar se repite una y otra vez que el primer centro de salud español se inauguró en Granada en el 1981 (centro de salud La Cartuja).

Sí, oficialmente puede que fuese cierto, pero hubo al menos dos intentos más o menos formales previos de centros de salud rurales con la filosofía de Atención Primaria de Salud (incluso antes de la conferencia de Alma-Ata de 1978) y formados principalmente por médicos de familia (incluso antes de que se creara oficialmente la especialidad en el mismo año). Se trata de las esperiencias de Tirajana (Las Palmas) y Montánchez (Cáceres). A ambos proyectos dedicaré sendas entradas.

Estas iniciativas tienen características comunes, como la alta voluntariedad de sus protagonistas, la distribución del trabajo basada en la multidisciplinariedad, la primacía de la prevención, la particupación comunitaria y el enfoque salubrista, pero curiosamente surgieron espontáneamente en zonas muy distantes entre sí y sin conexión entre ellas en sus comienzos (sí que hubo entre los protagonistas pero a posteriori).

Hay muy escasísima bibliografía sobre ésto en Internet, y casi todo lo que hay se lo debemos a una socióloga, Angélica Fajardo, que dedicó varios años de su vida a recorrer decenas de archivos y bibliotecas de toda España para retratar en su tesis doctoral el pasado y presente de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. A ella también le debemos esta joya en la que cuenta detalles de la experiencia de Montánchez. Al margen de estos dos excepcinales documentos, sólo alguna reseña aislada, como en este informe sobre la reforma de AP de la REAP y en este wiki sobre la historia de la Medicina General en España.

Son, como en este inolvidable programa de radio 3, los “pioneros” de la AP española.


Pudor, mucho pudor


Pudor, mucho pudor. Eso es lo que he sentido cuando he visto que sale una foto mía en portada de prsalud, entre medio de una buena buenísima Trinidad Jiménez, con la flamante noticia sobre su candidatura para la presidencia de Madrid, el anuncio de una nueva Agencia de comunicación y el reportaje sobre las grandes metas de Pfizer. El poder político, mediático y económico. Y en medio, un intruso. Menos mal que no era el único. También el amigo Iñaki González, del blog SobreviviRRHHé!, estaba allí.

Esta vez, al menos, si salgo en prsalud no es para ponerme sobrenombres ilustres (“enemigo de la industria farmacéutica“), sino para entrevistarme. Está claro: en verano no hay noticias, si no no se entiende…

A veces pienso que debía estar más bien calladito que diciendo tonterías.

En fin.


Vasos medios llenos y porcentajes de supervivencia


La lógica nos dice que un vaso medio lleno tiene el mismo contenido que un vaso medio lleno. Pero la lógica a veces no aporta datos que la sabiduría popular sí que percata. Por eso, no tiene sobre nosotros el mismo impacto una cosa que otra.

Igual puede suceder con las palabras “supervivencia” y “mortalidad”, como bien nos recuerda Gigerenzer en su libro “Decisiones instintivas” (que sigo leyendo, de a poquitos). Así, decir que una operación presenta una supervivencia del 90% es equivalente a comunicar que tiene un riesgo de mortalidad de un 10%: es la misma cifra pero expresada de diferente manera. Sin embargo, la primera está encuadrada en un marco positivo y la segunda en uno negativo o pesimista. El impacto sobre el ánimo del que lo escucha es diferente.

Pero no queda ahí la cosa, según este autor. Si se usa un marco optimista, en realidad es como si el médico estuviera induciendo al paciente a optar por la operación, ya que dimensiona su posibilidad de éxito: es una forma de persuadir al paciente para que acepte la solución que le ofrecemos como la más válida. Esta táctica la conocen perfectamente bien los especialistas de marketing que diseñan las estrategias de venta de los fármacos.

Lo que en realidad no debemos olvidar, de todas formas, es que el porcentaje de supervivencia, a la larga, de todo ser viviente es, queramos o no, cero… Aquí no hay marcos. Es la cruda realidad, tarde o temprano a todos nos llega.