Jesús Quijada, empleado del mes. La libre expresión del pensamiento crítico no es un lujo, es una necesidad


(Rescato, solo por esta vez, el blog. El motivo lo merece)

A nadie se le escapa que vivimos momentos grises. No solo porque la coyuntura económica es del todo desfavorable, sino porque los mediocres triunfan y la libre expansión del pensamiento es cada vez más difícil. Todo atisbo de crítica es vivida como un ataque a la necesaria unidad para superar la crisis y toda representación irónica de la realidad es tachada inmediatamente de ofensiva.

El uso de las redes sociales, y especialmente de los blogs, se propagó en nuestro país con la promesa explícita de constituir un paraíso para la divulgación abierta del conocimiento y las opiniones libres. Sin embargo, en los últimos años parece que esta idea está perdiendo fuelle. Cada vez resulta cada vez más difícil encontrar tribunas verdaderamente independientes y críticas donde fluyan e intercambien sin barreras pareceres y discursos variopintos sin que ésto suponga agravios o se alimenten recelos.

Saludyotrascosasdecomer nació hace 4 años, en el otoño de 2008. Han pasado por él 11 plumas (¿o podríamos decir más bien “teclados”?) diferentes, y con 1317 entradas es uno de los blogs con más solera de la blogosfera sanitaria española. Uno de sus espacios más emblemáticos, el título de “El empleado del mes”, ha distinguido puntualmente a 31 figuras destacadas del panorama sanitario, social y político de todo el planeta, siempre con sorna y sana intención crítica. Entre ellos a ex-ministros como Bernat Soria y Trini Jiménez, expresidentes de CCAA como Esperanza Aguirre y Fernández-Vara, así como a la plana mayor del Servicio Extremeño de Salud (gerentes y varios directores y subdirectores incluídos). No faltó a la cita la  mismísima directora de la OMS, el virus de la gripe A ni el propio papa Ratzinger. Todos han acogido los premios con deportividad, o al menos no tenemos constancia de lo contrario… Sin embargo, el gris y desalentador panorama han mermado la mordacidad e irreverencia del blog en los últimos meses. Pero ha sido precisamente el último premiado con el distinguido título de empleado del mes el que ha terminado de dar la puntilla al blog que tuvo el honor de glorificar su figura.

Hace ahora justo un año tuvo lugar en Plasencia la representación de una obra de teatro, adaptación de “Knock y el triunfo de la medicina”. La iniciativa fue realizada íntegramente por profesionales sanitarios desde el principio hasta el final, sin un euro de presupuesto y siempre fuera del horario laboral, y fue un rotundo éxito en todos los sentidos. Se trata de una sátira de los procesos de medicalización de la vida aderezado con un fino humor francés. Pero no todos supieron captar la esencia de la obra ni sus sutiles ironías; de hecho, un delegado sindical trató por todos sus medios parar la obra antes de su estreno. Dicha actitud fue merecedora, como no podía ser de otra manera, de un nombramiento unánime de “Empleado del mes”. Pero dicho galardón no ha sido del agrado del agraciado, el cual, un año después, no sólo ha devuelto el título, sino que ha amenazado con tomar acciones legales en
caso de no retirar la entrada, rechazando incluso una oferta de réplica pública sin censura. Tales presiones, en un contexto de percepción de ausencia de la suficiente libertad como para seguir por la línea de mordaz humor, han desencadenado el cierre de saludyotrascosasdecomer.

Se trata de un hecho puntual que afecta a un solo blog, cierto; la desaparición de un blog libre no es nada, cierto. Muchos pueden pensar que es solo un mal menor, que hay cosas que están pasando que son mucho más importantes y trascendentales. Cierto. Pero no podemos permitirnos que haya quienes consideren que pueden tener la capacidad de corregir, reprobar o  impedir la libre expresión, ya sea ejercida a través de un blog o de una obra de teatro o de un artículo de prensa, y que todos los que le rodean se lo permitan, o lo jaleen o sencillamente miren para otro lado. No es ningún lujo poder tener independencia para pensar y poder expresarlo, con humor, ironía y sentido crítico. Es una necesidad. Una sociedad moderna que aspire a disponer de un capital
social rico debe cuidar, y no perseguir, a los que contribuyen a nutrirla de sana capacidad de reírse de ella misma y de construir ideas que permitan elevarla intelectualmente. Los que firmamos esta tribuna compartimos esos ideales. Por eso estamos aquí, visibles, y despiertos.

Gracias.

Los que quieran sacar conclusiones por ellos mismos pueden releer la entrada desencadenante del cierre de saludyotrascosasdecomer. Dado que no está ya disponible en el blog original, puede consultarse aquí: Empleado del mes, Jesús Quijada Hernández


Medicotronic


Vengo a por un volante para unos análisis para ver el colesterol.

Pero José, si los últimos los tenía bien, y se los hizo hace 5 meses apenas.

Ya, pero digo yo que puede haber cambiado en este tiempo, y además, Don Damián me los hacía a cada 6 meses, así que…

Vengo a por un volante para el especialista.

¿Qué es lo que le ocurre? ¿Para qué quiere que le vea el especialista?

Porque a mi estos dolores no se me quitan, y usted no hace nada más que mandarme pastillas, y digo yo que eso me lo tendrá que ver un médico.

Amalia, ¿no es cierto que estuvo usted hace unos meses al especialista de los huesos? ¿Y que le puso este tratamiento (un bifosfonato) que ya le dije yo que no le servía para esos dolores? ¿Y que ya le hemos hecho pruebas, y que ya sabemos que lo que usted tiene no tiene operación? No entiendo el motivo de ir otra vez al especialista….

¿Ah, pues me mande!

Vengo a que me mande estas medicinas.

A ver démelas. Estas gotas para el oido son para la infección. ¿Tiene usted algún problema ahora?

No, pero es que me dan todos los meses.

Me suena un poco raro eso. ¿Seguro que son infecciones de oído? Tendría que vérselo, Consuelo.

No, si eso ya me lo ha mandado otra vez un médico, así que digo yo que tendrá que hacerme la receta.

¿Y qué más desea?

Pues esto (ibuprofeno de una marca).

(Dados los antecedentes con otros pacientes, ni me planteo pasárselo a principio activo).

¿Y qué más?

Pues ésto (Eritromicina) y ésto (jarabe de extracto de ginkgo biloba).

La eritromicina es un antibiótico. Quizá, si lo que tiene es algo que no precisa tratamiento con antibiótico, es mejor que tome otra cosa.

¡Ah, no! A mí para la garganta es lo que mejor me viene.

Y el jarabe éste, Consuelo, no lo tiene metido en su historial.

Pues me lo mandaron para los vértigos.

Hombre, la verdad es que puede ser útil, pero no mucho. Y además, ¿está usted mal ahora de los vértigos?

Pues no, pero me lo tomo siempre, y me lo mandó aquel médico y usted me lo tiene que recetar también.

Mis padres me enseñaron buenos modales. Hice primaria y bachillerato en un buen colegio. Estudié medicina en dos universidades normalitas, con un expediente mediocre, pero soy médico también. Y encima con especialidad. Y durante todo este tiempo me han enseñado técnicas de comunicación. Incluso hice la tesis doctoral sobre este tema. Incluso me he atrevido a impartir yo mismo cursos sobre cómo comportarse con los pacientes de una manera humana y cómo comunicarse de una manera empática.

Pero cuando uno encadena tres consultas consecutivas como éstas, lo único que le sale, del alma, es ésto:

Mire usted, señora. Se me ocurre que podríamos hacer una cosa. Poner en la puerta un robot que haga de médico. Funcionaría así: usted le mete la tarjeta sanitaria, y una voz le va guiando. ¿Que quiere un volante para unos análisis? Pues al botón 1. Que los quiere completitos, análisis de todo? Al botón 2 ¿Que quiere unas radiografías de cuerpo completo? El botón 3. ¿Un volante para el especialista? Pues el botón 4, y le sale un volante en blanco, para que usted le ponga el nombre del especialista que quiere que le vea, y si quiere dos pues le da dos veces al botón. ¿Unas recetas? Pues lo mismo, el botón 5 y una receta en blanco, luego usted pone lo que desee. Y mientras tanto, a mí me dejan el tiempo libre para poder atender a los que verdaderamente me necesiten. Si alguna vez quiere que lo vea un médico de verdad, entonces tendrá las puertas de la consulta abiertas, para o que haga falta. Para todo lo demás, el robot.

Y no me he arrepentido, a fecha de hoy, a decir estas palabras… ¡aunque no me guste nada tener que decirlas!


Varapalo a la educación médica


En medio como estamos en nuestro país de la tormenta sobre el debate sobre el patrocinio de los eventos congre-blogosféricos, viene ahora un auténtico huracán. Un dramático cambio, en palabras del director general de la European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations (EFPIA): Astra-Zéneca renuncia a pagar los viajes a los médicos para asistir a los congresos.

Pero no se asusten ni los médicos ni sus colegios profesionales ni sus sociedades científicas ni las agencias de viajes, que ésto sólo afectará a los viajes a los congresos internacionales. La compañía mantiene su compromiso con los eventos de educación médica locales.

Pareciera que el dinero tiene algo que ver con la decisión (según la fuente, la industria farmacéutica dedica a este tipo de muestras de hospitalidad la friolera de 850 miles de millones de dólares al año), pero según los impulsores de la medida es una cuestión de ética. Aunque, aclaran,

AstraZeneca should not do anything that could be seen as an inducement to prescribers to use its products. “We start from the position that our products stand on their own merits.”

Anything? Are you sure, dear friend?

Pues algunos no lo tienen tan claro, y poniendo el ejemplo de uno de los estudios realizados con la rosuvastatina [crestor (R), de dicho laboratorio] esgrimen diversos argumentos para concluir que lo que se ha divulgado sobre este fármaco en dicho estudio (dicho sea de paso, presentado en numerosos congresos internacionales) es, cuando menos, un ejercicio de “desinformación”. ¿Casualidad?

¿Cuestión de ética? ¿Pues no decís que no interferís en las decisiones de los médicos? ¡Esto no hay quien lo entienda! 😉


Obsesión por la densitometría


En la película “En busca de la felicidad“, basado en hechos reales y ambientado en los años 80 del pasado siglo, el protagonista se pasa la mitad del tiempo corriendo por toda la ciudad de hospital en hospital con un aparatoso densitómetro que casi nunca logra vender.


Por fortuna para él, pudo encontrar un trabajo como corredor de bolsa. Pero si hubiera comenzado a vender los dichosos aparatos una década después probablemente otro destino le hubiera aguardado. ¿Porqué?

A mediados de los 90, la OMS emitió un informe en el que recomendaba la densitometría como herramienta de cribado de la osteoporosis postmenopáusica. A consecuencia de ello, el uso de la densitometría sufrió un boom, y con él la venta y desarrollo imparable de medicamentos “anti-fractura”.

Sin embargo, la letra pequeña, que casi nadie conoce, es que la recomendación de la densitometría se ceñía inicialmente a las mujeres blancas y para estudios epidemiológicos. Y que la prueba sólo cuantifica la pérdida de masa mineral (criterio cuantitativo), pero no me dice nada sobre cómo está estructurado el hueso (criterio cualitativo, que también define la osteoporosis). Pero además, el informe escondía otras “perlas”. Como que la OMS, que pregona que en el proceso de enfermar intervienen otros factores que los puramente biomédicos, menospreciara los determinantes psicológicos, familiares y sociales que están detrás de las fracturas en los ancianos. O como que la clasificación de la osteoporosis se basara sólo en los valores de la densitometría y no en el contexto clínico del paciente (luego hablaremos de esto otra vez).

Pero quizá el gran error de este informe estriba en el parámetro que escogieron para medir, a través del aparato en cuestión, la intensidad de pérdida de la densidad mineral ósea. Resulta que existen dos formas de determinarla (como bien nos explica el amigo Rafa Bravo en esta espléndida presentación): con el Z-score, que nos mediría la densidad del hueso acorde con la edad y el sexo, y con el T-score, que nos compara el valor actual con el ideal (el que se tiene con 30 añitos). Aunque algunos sabios de la medicina prefieren utilizar el primero, la OMS (como vemos en la tabla 1 de la página 10 de este monográfico de la “Revista de Osteoporosis y Metabolismo Mineral”, por cierto, monográfico dedicado a un nuevo fármaco antifractura y que está patrocinado por el mismo laboratorio que lo comercializa… no doy más pistas) prefiere que usemos el T-score. Lo cual es congruente, todo hay que decirlo, con la filosofía que siempre le ha caracterizado a la OMS desde que enunciara la definición de salud allá por 1946: marcar una meta casi inalcanzable. En este caso, ¡tener unos huesos como los de una mujer de 30 años! Comparado con este estado, lo habitual es tener problemas. Y de hecho, el 80% de las mujeres más allá de la menopausia está catalogada, siguiendo este mecanismo, como enferma o pre-enferma de los huesos (tabla 1 de este artículo).

La sobrevaloración de esta prueba diagnóstica ha sido brutal. Tanto es así, que, según cálculos de Manuel Sosa y María Jesús Gómez de Tejada en un editorial de la revista Medicina Clínica titulado, muy pícaramente, “¿Hay vida más allá de la densitometría ósea?“, si seguimos las recomendaciones de las sociedades científicas y expertos del ramo, esto supondría en España la realización de densitometría a casi 7 millones de personas. Por si fuera poco, se está extendiendo cada vez más una forma sin duda más atractiva y cómoda de densitometría, la del calcáneo, aun cuando es sabido que sobrediagnositica la osteoporosis y su valor predictivo para detectar este problema es muy bajo (entre el 16 y el 33%), lo que contribuye aún más a favorecer la prescripción de fármacos y a convertir algunos centros de salud en núcleos de reclutamiento de “nuevos enfermos”.

Afortunadamente la OMS parece haber reaccionado. El experto que hace 17 años inició esta deriva medicalizadora, el Dr. John A. Kanis, ha sido uno de los artífices de una herramienta, conocida como FRAX (R), que, al menos, tiene en cuenta algunas variables clínicas a la hora de establecer el riesgo de fractura. Sin embargo, algunos consideran que sigue siendo insuficiente. Sobre todo, porque no tiene en cuenta el principal factor de riesgo de sufrir fracturas: caerse al suelo…

Pero, ahora que lo pienso, no sé porqué me complico la vida tanto. Si muchos compañeros, sobre todo del hospital, dirán para qué hacer la prueba, si puedo mandar los medicamentos antifractura directamente, sin ni siquiera saber si hay o no problemas en el hueso… ¡Qué iluso soy a veces!


Golosinas


Convertir una cuestión menor en una enfermedad tiene un inconveniente: que la gente no quiere sentirse enferma. Y tampoco quiere comportarse como un enfermo. Tomarse una pastilla es de estar enfermo. Tomarse una gominola no.

Eso es lo que deben haber pensado las empresas farmacéuticas, que han tomado buena nota de los deseos de los consumidores, y tal y como nos afirma un urólogo en su blog, están pensado formas de presentación “más divertidas” para sus medicamentos para los problemas de erección.

Claro, que de ésto a que todos piensen que tomarse viagras con forma de caramelo no puede nunca ser malo puede haber sólo un paso…

Pero por otro lado, puede que no sea mala idea. Hablaré con la farmacéutica del pueblo para que se haga acopio de paquetes de golosinas. Y cuando alguien venga a la consulta demandando un remedio infalible para un problema menor o una queja nimia le extenderé una receta de “Golisinim Forte-D”. Lo mismo alguien se percata del fraude y me llevan a la cárcel, pero al menos conseguiríamos durante un tiempo que la gente viva más feliz y contenta…

(Foto: Chuches, por Ana Yacobi)


Trabajadores sanos controlados


Estas últimas semanas, una epidemia ha invadido la consulta. No, no son los virus estacionales (que también), ni las alergias y ataques de asma (que también). Me refiero a los trabajadores que vienen con el informe del médico de empresa, con los resultados de esta modalidad de “control de salud” que, como tantos otros, no tiene ningún fundamento científico.

Cifras de colesterol de 220 en personas sanas sin factores de riesgo, ácidos úricos y niveles de transaminasas hepáticas en los límites altos de la normalidad, poliglobulias con hematocrito del 55% sin ningún tipo de sintomatología, tensiones arteriales de 140/100 determinadas en una única ocasión catalogadas como hipertensión, consejos de derivaciones en tandem a especialistas (neumología-cardiología), pérdidas leves de audición, problemas de visión producidas por la edad, supuestas arritmias diagnosticadas sin un mísero electrocardiograma y con la recomendación explícita de que lo vea lo antes posible el especialista del corazón “queparaesoeselqueentiendedeesascosas”

Por una vez me alegro que las tasas de paro sean tan altas en este país. ¡No puedo ni imaginarme lo que sería ésto con pleno empleo!


Quiero un médico de los que curan


La agenda del día estaba llena ya antes de llegar al centro de salud. Se nota la influencia de la semana santa, y la expectativa del día festivo de lunes próximo.

Termino de hacer las 100 y pico (por poner un número) de recetas del día y salgo a la sala de espera, más concurrida que de costumbre. Y anuncio:

Comienzo ya la consulta. Con retraso porque había hoy muchas más recetas de lo normal, y encima la consulta de hoy llena. Cómo se nota que el lunes es festivo y no estoy. Os pensáis que los médicos curamos, pero no es cierto. Como mucho aliviamos, ayudamos algo, pero curar curar, poco. Pero en cuanto un día no vengo os asustáis todos y venís a verme, como si yo pudiera dar respuestas a todos vuestros problemas o curaros vuestros males.

Lo dije con humor, para romper un poco el hielo: las mañanas así suelen ser espesas, y afrontarlas con humor ayudan (al que viene y a uno mismo).

Pase, Aurelio. Dígame.

Pues yo que quiero que me de usted un volante para que me vea un médico estos dolores.

Debe ser que no me expliqué bien. O que Aurelio se tomó al pie de la letra lo que dije en voz alta en la sala de espera. Porque aunque yo soy “su médico”, él quería ver a “otro”. Tal vez uno que le curara, aunque éste no exista. Es el precio que hay que pagar por no tener vocación de vendedor de humo…