Imaginad un mundo sin marcas


Un mundo en el que los medicamentos fueran iguales, no sólo en cuanto a bioequivalencia, sino también en cuanto a apariencia, de manera que el médico y demás profesionales facultados para prescribir no tuvieran ninguna necesidad de prescribir marcas de medicamentos porque éstos no existirían ni para el ojo del paciente ni para el prescriptor ni para el farmacéutico.

Algún iluminado surgiría de entre las entrañas de lo absurdo para intentar hacernos ver que la auténtica libertad de prescripción no está en poder elegir sin presiones el fármaco a recetar, sino en poder elegir la marca. Como quien puede elegir entre movistar y amena.

¿Dónde queda la libertad, la verdadera, no ya sólo la de consumo? ¿En qué consiste la libertad? ¿De veras somos libres? ¿Es ejercer el derecho a a libertad sólo poder prescribir lo que uno considere? ¿Dónde queda el paciente? ¿Dónde están las demás “libertades”? ¿Nos creeremos eso de que somos profesionales liberales o sólo cuando veamos amenazada una mínima parte de ella?

¡Qué pena que nos hayamos cargado entre todos el sentido de la palabra libertad!

Dedicado a todos los hombres libres, para que hablemos de la LIBERTAD en mayúsculas, y no nos detengamos sólo en sus parcelas crepusculares.



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