El continuum farmacológico de la demencia


Una de las enfermedades en las que más se ha avanzado en los últimos años ha sido en la demencia. Sin embargo, dicho avance es muy relativo, porque aunque es cierto que ha habido mucha inversión en investigación farmacológica y han salido al mercado varios preparados que buscaban retrasar o enlentecer la evolución de la misma, la pura verdad es que no mejoran de una manera clínicamente relevante los síntomas de la demencia y ni revierten ni detienen la progresión de los síntomas.

Pero la cosa no queda ahí. Algunos investigadores se atreven a contemplar que el deterioro cognitivo leve, entidad a caballo entre precursora de la demencia, una enfermedad monosintomática (que cursa sólo con problemas de memoria) o un simple factor de riesgo parece constituir el momento ideal para el inicio de la intervención (aunque no haya evidencias que avalen el uso de ninguno de los fármacos disponibles). E incluso, algunos van más allá, y quieren ser capaces, de “identificar aquellas zonas neuronales que están funcionando mal durante ese período de transición (…) para poder revertirlas al estado normal y evitar que progresen hacia la muerte neuronal y, por tanto, a la demencia”.

Sin embargo, la máxima preventivista de querer intervenir cuanto más prematuramente mejor lleva a identificar un estadío más temprano aún. Y de ahí es donde sale el “deterioro cognitivo subjetivo“, un problema “muy frecuente” (¿quién no conoce a alguna anciana que no se le olvide de cuando en cuando dónde ha puesto la receta que acaba de meter en el bolso?) que quieren hacernos ver que evoluciona casi irremediablemente a demencia. Se confirmarían así los temores de nuestros pacientes, que acuden a nuestra consulta quejándose de padecer olvidos y despistes y que ven en ésto la antesala de la demencia.

Si pensaban que habíamos acabado se equivocan. El remate a la faena medicalizadora está aún por llegar. Una clínica privada escocesa especializada en reclutar pacientes para ensayos clínicos de tratamientos para la demencia quiere comprobar el efecto de la memantina, aprobada para demencias moderadas y graves, en pacientes SANOS con olvidos esporádicos de mediana-avanzada edad (50 a 80 años). Para quitarle hierro al asunto y que no nos echemos para atrás al identificar memantina con viejos demenciados, la clínica nos dice que, tranquilos, que esa píldora inteligente también lo utilizan los estudiantes para aprobar los exámenes.

La prensa amarilla de la ciencia, la revista “Poco Interesante”, recoge este hito que marcará el antes y el después de los despropósitos de la ciencia de una manera como sólo ellos saben hacer: haciéndonos creer que el “deterioro cognitivo subjetivo” es algo mucho más simple que los olvidos de los ancianos. Así, la nueva entidad patológica es ni más ni menos que el “problema de desmemoria y falta de concentración que padecen muchas personas como consecuencia de un estilo de vida frenético, con múltiples ocupaciones en el hogar o el trabajo y el bombardeo incesante de información procedente de teléfonos móviles, televisión, radio, internet…”. O sea, la gran mayoría de la población occidental…

Tonto el último que no se medique para no ser más alto, más guapo, más inteligente, tener más memoria, rendir más en el trabajo, en el sexo, con los niños, para dormir mejor, para estar más despierto, para vivir más años y ser personas perfectas. ¡Si nos lo están poniendo todos los días a huevo!



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