No sos vos, soy yo


Primer día de consulta. Mucha expectación por conocer al médico nuevo. ¿Se va usted a quedar aquí mucho tiempo? Mientras ustedes aguanten, y yo también, y los jefes quieran. A más pacientes veía, más largo el listado. La vejiga llena. La glucemia baja. El jara lento y mis neuronas bailando a ratos. Sonrisa nerviosa. No me deja hacer la receta, lo siento, venga la semana que viene a ver si hay más suerte.
Once y pico. Aún 25 almas por ver y dos domicilios. Entra un señor bien vestido. Soy delegado de tal. Lo hago entrar en la consulta para decirle, amablemente, que no tengo costumbre de recibir a los visitantes de los laboratorios, que no es nada personal, que respeto su trabajo, pero que prefiero dejar las cosas desde el principio, desde el primer día. Cara extrañada, boquiabierto. Debe haber algún motivo. ¿Es que alguno te ha tratado mal? No. ¿Entonces? Si yo venía a saludarte, que me habían dicho que venía un nuevo médico, y a dejarte un libro que mira, manual de medicina general, en fin, lo hemos entregado en el congreso de granada, ¿fuiste? No. Bueno. Pues nada. Las cosas mejor así. Sin dolor. Desde el principio.
Quedo como un rarito. Supongo. Pero es que no sois vosotros, que no tengo nada en contra de vosotros. Soy yo. Soy así. Para bien o para mal.

Qué le vamos a hacer.


La innovación de los medicamentos antihipertensivos: ¿Fantasía o realidad?


Las novedades terapéuticas son más caras que los fármacos que ya estaban disponibles en el mercado. No descubrimos nada nuevo (valga la redundancia). Tampoco se le escapa a nadie que gran parte del incremento en la factura de farmacia de los últimos 10 años es atribuible a la introducción de dichos medicamentos. Nos alucina todo lo “innovador”, aporte o no beneficios clínicos suficientes.

Sin embargo, la industria farmacéutica “innovadora” justifica su sobrecoste por el hecho de que algunos nuevos medicamentos, aunque no aporten un balance beneficios-riesgos rompedores, sí que suponen avances en otros aspectos, como son el beneficio residual en subgrupos de pacientes, comodidad en la toma (simplicidad o vía de administración más confortable), mejor calidad de vida, mayor satisfacción o un valor socio-económico añadido (como por ejemplo, un aumento de la productividad laboral o una disminución en los costes derivados de hospitalizaciones evitables). Su tesis es que si bien el coste no ajustado de las novedades terapéuticas pueda ser mayor que el resto de los medicamentos, si se consideran estos aspectos relacionados con la calidad de un fármaco, lo que pagamos por ellos puede ser incluso un precio inferior a los ahorros que induce en otras partidas.

Esta hipótesis se basa fundamentalmente en un estudio publicado hace 9 años por Frank R. Lichtenberg. Este investigador quiso comprobar si los fármacos innovadores, aún siendo más caros, introducían ventajas adicionales a los fármacos más antiguos como para hacerlas merecedoras de destronarlas del reinado del mercado. Sus conclusiones parecían demoledoras:

The results of this analysis provide strong support for the hypothesis that the replacement of older by newer drugs results in reductions in mortality, morbidity, and total medical spending.

Pongamos números. Según este mismo autor, utilizar medicamentos modernos en lugar de antiguos supone un ahorro neto de 111 € por enfermedad tratada, sobre todo gracias a que reduce las hospitalizaciones y las consultas médicas. Los argumentos parecen tan claros que han sido esgrimidos por la industria farmacéutica siempre que ha podido para autootorgarse un papel relevante como actores promotores de salud y sostenibilidad económica.

Nadie hasta ahora se había atrevido a rebatir los dogmas de Lichtenberg. Hasta ahora.

Michael R. Law y Karen A. Grépin, de las universidades de British Columbia y Nueva York, respectivamente, se han ido a los datos observacionales que Lichtenberg manejó y los han recalculado y reinterpretado para un caso concreto, como son las novedades terapéuticas en al tratamiento de la hipertensión arterial. Sus análisis evidencian las múltiples inconsistencias y los diversos errores metodológicos de los modelos y cálculos que Lichtenberg manejó. El resultado de todo ello es que el medicamento que es caro sigue saliéndonos caro aún restándole lo que potencialmente puede ahorrarnos por otro lado. Dicho de otra forma: la innovación farmacéutica es un cuento.

¿Por dónde contraatacarán para justificar lo injustificable?

[Agradezco a J. Gérvas la información sobre el artículo de Law y cols.]


Seminario Healthy Skepticism en el puente del Pilar en Oporto


  • ¿Cómo es y cómo funciona la promoción de la industria farmacéutica? ¿Es ésta más beneficiosa que lesiva?
  • ¿La inversión de la industria farmacéutica es importante y vital para la investigación médica? ¿Dónde queda la investigación clínica independiente?
  • ¿Cómo podemos aprender a ser críticos con la información científica si no se nos ha enseñado a ser así?
  • ¿Cómo nos relacionamos con la industria farmacéutica? ¿Cómo nos influye la promoción de la industria farmacéutica? ¿Son siempre promiscuas estas relaciones?
  • ¿Cómo conseguir relacionarnos con la industria farmacéutica de manera que resulte mejor para el avance de la ciencia, y en especial para nuestros pacientes?

Todas estas preguntas y muchas más serán debatidas en el seno de una interesante actividad organizada por un inquieto grupo de médicos de familia y residentes portugueses. El seminario contará con la participación estelar de Peter Mansfield, médico de familia australiano que dirige Healthy Skepticism, un grupo internacional de médicos que considera el escepticismo y el análisis crítico de la información (procede ésta de donde proceda) como una forma saludable de ser y estar. De paso, y como no podía ser de otra manera, el fin último es replantear las relaciones entre profesionales sanitarios y la industria farmacéutica.

Enhorabuena a los organizadores. Este tipo de actividades son necesarias. Allí estaremos, en pleno puente del día de la patria.

(ver programa aquí: Seminario Healthy Skepticism)


Efectos adversos de los medicamentos y transparencia ¿Cuestión sólo de comunicación?


La aparición de efectos adversos en los medicamentos ya comercializados puede ocasionar quebraderos de cabeza a las compañías de fármacos. En seguida la noticia salta a los medios científicos, y de ahí a la prensa general, y no digamos nada de la viralidad que confiere la red.

Que un medicamento, cuya imagen socialmente representada es que sirve para curar o para aliviar enfermedades o síntomas, pueda ocasionar problemas de salud es algo que genera mucha alarma social, más o menos justificada. Si, además, el problema deriva en que se retiren del mercado lotes o fármacos enteros entonces, el pánico está asegurado. Presionados por la avalancha del miedo, la bolsa, esa asustadiza ricachona que vive en la calle más global del mundo, Wall Street, se desploma ocasionando mermas en la abultada cuenta de beneficios de la empresa.

De ahí que la industria se quiera anticipar a los hechos. Leo en Correo Farmacéutico un interesante artículo donde Irene Tato, directora de la consultora y agencia de comunicación SC (Salud y Comunicación) nos habla de la necesidad de que las compañías dispongan de sus “planes contra incendios”. Auténticas estrategias para controlar la información en caso de que sobrevenga una “crisis” de este tipo y con ello evitar situaciones como las que hemos descrito en la introducción.

Pero, claro, el problema no es sólo saber cómo “comunicar”, sino también cuándo y qué. ¿Qué pasa cuando la compañía dispone de información de que un medicamento no va bien y la oculta deliberadamente? Como ha ocurrido recientemente con la rosiglitazona y la multinacional GSK. Como ha ocurrido otras muchas (demasiadas) veces (a todos se nos viene a la cabeza el desgraciado caso Vioxx-MSD o los aumentos conocidos del riesgo de suicidio atribuible a algunos antidepresivos). ¿Ejemplos aislados? ¿Opacidades inevitables atribuidos a un sistema de farmacovigilancia cadudo y rígido?

Como en muchas otras ocasiones, el discurso corporativo va por un lado

[“Un razonamiento simple diría que, si hay un efecto adverso, lo mejor es no enterarse. Pero es justo lo contrario”. Y no sólo por razones éticas o regulatorias… “Cuanto más pronto se produzcan todas esas informaciones, menor coste tendrá solucionar el problema, ya que se evitará que la magnitud del efecto vaya a más” (palabras del Dr. Emili Esteve, director técnico de Farmaindustria)]

y la realidad por otra.

¿Tienen también las empresas diseñados planes o estrategias para ocultar los problemas de salud que ocasionan sus productos o simplemente van improvisando sobre la marcha? ¿Es la reputación de las empresas (y sus beneficios) lo único en juego? ¿Es la apuesta (teórica) por la transparencia un simple juego retórico para lavar la mala imagen de los laboratorios?


El motor de la industria se calienta


(Yo sigo erre-que-erre con mis temas favoritos, ustedes me perdonarán).

Convertir a la industria farmacéutica en un motor de desarrollo económico y social. Este es el objetivo del sugerente informe presentado en esta semana por los laboratorios farmacéuticos. Documento que se suma al que nuestro ilustre exministro, el viejo amigo Bernat Soria, está ya al parecer preparando.

El documento, conocido como  “Informe Moya-Angeler”, ha sido elaborado con la colaboración de figuras estelares del firmamento sanitario español, entre los que hay otros exministros (Ana Pastor, Manuel Pimentel y el patrono de la fundación de una empresa del sector –Julián García Vargas-), presidentes y directores de empresas consultoras y, como no, de laboratorios farmacéuticos, presidentes de sociedades científicas y de organizaciones colegiales, autoproclamados “representantes” de pacientes, afamados abogados, gerentes de áreas de salud, académicos y algunos clínicos.

¿Y de qué va el informe? No hace falta imaginarse mucho. Básicamente, hay dos objetivos declarados y una meta final en la sombra. Los objetivos declarados son 1) intentar “recordarnos” lo necesarios que son para la economía de este país, y 2) acercarse de nuevo a la administración sanitaria con la excusa de buscar un “partenariado” público-privado (PPP para los amigos) que permita llevar a cabo un trabajo conjunto entre los distintos agentes para alcanzar objetivos comunes que no sería posible lograr de manera individual.

Pero, señores, no somos tontos. Sabemos que el objetivo último es otro. Simplemente tratar de asustarnos a todos de que si les recortamos sus ansiados beneficios, nuestro querido sistema nacional de salud (elmejorsistemadesaluddelmundo) se va a hundir en los infiernos…

No es casualidad, señores, que este informe salga a la luz ahora (ni dos meses hace que el gobierno decretara los recortes en los precios de los medicamentos), aun cuando fuese elaborado en ¡Octubre de 2008!

Pero, tranquilos, que el gobierno no cederá (por favor, antes de acusarme de pelota y de tener carnés que no tengo, lean esto con su intencionado tono de ironía). A pesar de que Pepe Martínez Olmos estaba en el momento en que se presentó el informe, éste ya ha declarado que como mucho no sacará más conejos de la chistera (ergo, no recortará más los precios)…

Veremos si el pretendido y escenificado ni contigo ni sin tí entre la industria y el ministerio no deriva en una nueva claudicación del segundo y en la consecuente y urgente necesidad de recurrir al copago para salvar las cuentas de papá-Estado.

(He de reconocer que me fascinan estos movimientos de tablero de ajedrez…).

Saludos


Farmaindustria y Sociedades Científicas se autorregulan


Farmaindustria y FACME (federación de sociedades científicas entre las que están las tres de Atención Primaria-SEMG, SEMERGEN y semFYC) han llegado a un acuerdo por el cual pretenden regular su relación.

Este nuevo código de buenas prácticas viene a sumarse a los ya existentes por parte de la patronal de los fármacos innovadores respecto a la regulación de la visita médica y a la relación con las asociaciones de pacientes.

Estamos, desde ya, impacientes por ver el código.

(Nota final: Creo que ha sido el post más imparcial, meramente informativo y aséptico que haya hecho jamás… No creará jurisprudencia, eso sí, ¡no os hagáis ilusiones!).


The drug dilemma, revisited


Lo llaman “el dilema de los fármacos“. En 2004, un tal Weisbrod lo definió así:

The dilemma of pharmaceutical prices is how to balance consumers’ demands for low prices for existing drugs with producers’ demands for higher prices and greater incentives to develop new and better products. Lower prices increase consumer access to vital drugs already developed, tested, and FDA-approved: antiretroviral AIDS drugs, cholesterol-fighting drugs, antidepressants. But lower prices also reduce profitability and thus discourage development of new products.

Básicamente, y a golpe de citas, podríamos dejarnos de eufemismos y llamar a las cosas por su nombre. El verdadero “drug dilemma” es otro: ni más ni menos, el pulso entre el mercado y los negocios, por un lado, y la salud de la población y sus necesidades por otro.

Dicho de otra manera, tenemos la lógica del capital:

The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits. Friedman, 1970.

y la lógica del bien común:

George W Merck

We try to remember that medicine is for the patient. We try never to forget that medicine is for the people. It is not for the profits. The profits follow, and if we have remembered that, they have never failed to appear. The better we have remembered that, the larger they have been”. George W. Merck (fundador de MSD), 1950.

En definitiva, el “drug dillemma” no es más que una contradicción que la industria farmacéutica no ha sabido resolver en todo este tiempo. O más bien, sí que la ha resuelto: la balanza cae siempre del lado del negocio. Para qué vamos a andarnos con frivolidades…


¿Un ejemplo de relaciones éticas con la industria?


Para que no vayan por ahí diciendo que sólo hablo mal de la industria farmacéutica.

Pondré un ejemplo, que viví en primera persona, de una actividad organizada por un laboratorio farmacéutico (en este caso, la fundación del laboratorio) que se sale de lo habitual y que, a mi modo de ver, puede marcar una línea interesante de colaboración entre los laboratorios y el mundo sanitario. ¿Por qué motivos? Iré al grano:

  • Había cuota de inscripción: 100 € (por un curso de 15 h). De gratis nada.
  • El laboratorio no se hacía cargo del desplazamiento. Tampoco del alojamiento. Ambos a cargo de cada cual.
  • El curso tuvo lugar en un aula de una universidad pública (la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela).
  • Las dos comidas de trabajo se hicieron en el comedor universitario, ambas incluidas en el precio. Era el menú del día.
  • El contenido del curso no tenía ni de lejos relación con la terapéutica. Era de un tipo de metodología docente (el Aprendizaje Basado en Problemas).
  • No había ni una sola referencia a fármacos en el curso. Ni un solo delegado de ventas. Tan sólo dos técnicos de la fundación y el propio director de la misma, que no participaron más que como apoyo del curso y no interfirieron en un sólo momento ni trataron de establecer vínculos con los discentes más allá de la mera y necesaria cortesía entre personas.
  • Los profesores no son profesionales en nómina de la fundación. Trabajan en universidades públicas españolas. No tenían conflictos de interés, aunque como es lógico, cobraban de la fundación por dar el curso…

Lo único que me recordó al marketing fue el video de 5 minutos que nos hicieron ver tras la inauguración, donde se hacía gala de la cantidad de actividades que lleva a cabo la fundación. Algo que, por otra parte, también hizo de viva voz el decano en la propia presentación: vender lo bueno que son en la universidad. Nada nuevo, pues.

(Por supuesto, también hago mi propia declaración de potenciales conflictos de interés. Nunca he recibido subvenciones ni pagos ni remuneraciones por servicios de esta fundación, ni tengo intereses comerciales ni financieros o especulativos con ella. Una vez anteriormente asistí a otro curso de la misma fundación, siendo entonces mi asistencia subvencionada por la Escuela de Estudios de Ciencias de la Salud, entidad dependiente de la Consejería de Sanidad de Extremadura.)

Me sorprendió tanto, que le di la enhorabuena al director de la fundación. No estamos acostumbrados a estas cosas…

Pero lo mismo a Farmacriticxs no le gusta la idea. O a “No gracias“. Ambas defienden en su webs “unas relaciones éticas y transparentes con la industria farmacéutica”. Ésta podría ser una manera. O a los que comen de la industria farmacéutica. No sé. En los últimos meses me han llegado a decir de todo: desde lameculos de los laboratorios a enemigo de la industria. Incluso me han reñido públicamente por “mofarme” de ella. Mientras, yo sigo siendo el mismo, y seguiré hablando de estas cosas. Gracias a todos vosotros, claro.

Post dedicado a @evavelasco.


Los laboratorios, hermanitas de la caridad


The Access to Medicine Foundation aims to help poor people in developing countries gain access to medicine by encouraging the pharmaceutical industry to improve its commitments and practices related to this issue. The Foundation’s major initiative is the Access to Medicine Index, which analyzes and ranks the access to medicine efforts of the world’s largest pharmaceutical companies.

¿Quién ha dicho que el acceso a los medicamentos es un problema de salud pública? Con la de esfuerzos que hacen los laboratorios… Incluso compiten entre ellos, para ver quién hace más de hermanitas de la caridad, para ayudar a los pobres…

Yo voto por que Big Pharma sea nominada para el premio Príncipe de Asturies de la concordia. ¿Quién se suma?


Un informe para cada fin


Dicen los expertos de IMS Health, una macro-consultora que gestiona gran cantidad de datos de hábitos de prescripción de miles de médicos en todo el mundo, que el porcentaje de éxito de un lanzamiento farmacéutico atribuible a la fuerza promocional del visitador médico está bajando.Un 10%, en concreto, en los últimos años. No es el único dato del informe que merece la pena ser reseñado (en otros posts lo haremos, si os parece).

Ya el año pasado, el informe “Launch Excellence” venía a darnos datos de otroa países que apuntaban en esa línea:

Curiosa manera de decirnos que sobran visitadores médicos. Vamos, que los datos vienen a justificar lo que hace unas semanas Acebillo, presidente de Farmaindustria, ya apuntaba: la pérdida de 5.000 empleos directos y 20.000 indirectos. Y adivinen quiénes sufrirán más el ajuste de plantillas…