Palabras que no caben en medicina


Hay palabras y expresiones que “nunca” deben decirse en medicina (entrecomillo lo de nunca porque precisamente esa es una de esas palabras).

Jamás pasará eso.

Nunca volverás a tener problemas.

Yo tengo la solución a tus problemas.

Te voy a curar.

Yo sé cuál es la causa de tu problema.

Te juro que te voy a curar

Después de ésto le dirás adiós a tu enfermedad.

Esto seguro te va a dar resultado.

Te garantizo que te vas a curar.

Una cosa es asertividad y mostrar confianza en lo que se dice y otra bien distinta es la charlatanería. Y sobre todo, como en este video, cuando además de utilizar muchas de las palabras de la lista anterior, lo que se dice es más propio de un curandero o de un chamán que de un médico…


Demanda de servicios inducida por la televisión


Que la televisión ejerce una influencia brutal en las expectativas de los ciudadanos es algo de sobra conocido. También siguen el mismo comportamiento, como no, los mensajes sobre salud que se lanzan en la caja tonta, y sobre todo en los noticieros.

Sin yo saberlo, anoche echaron un minireportaje en las noticias de la uno sobre un nuevo método de detección del cáncer de mama, capaz, como vemos en esta instantánea, de detectar tumores del tamaño de la cabeza de un alfiler. Una técnica -desarrollada por un acuerdo de colaboración público/privada– que, por ahora no está del todo validada respecto al patrón oro, que es la mamografía convencional, pero que al parece ya disponen de él en un hospital español.

Pues bien. Esta mañana, una señora acudía a mi consulta. El motivo aparente de consulta era banal, pero la paciente traía su particular lista de la compra, y dejó para el final lo que luego entiendo que era su principal expectativa. “Ya he cumplido 50 años, y quisiera hacerme una mamografía”. Al explicarle que precisamente esa era la edad en la que comenzaba el programa de detección precoz del cáncer de mama de Extremadura, y que por tanto, se pondrían en breve en contacto con ella para hacerle la prueba, la paciente, impacientada, susurraba: “Claro, es que aquí en Extremadura para estas cosas de prevención estamos muy atrasados…”

Traté de explicarle que de todas formas formas no está demostrado que la mamografía aporte más beneficios que desventajas en la detección del cáncer de mama, pero ella insistía en que quería hacerse, a pesar de que no tenía bultos en la mama ni antecedentes familiares, “una mamografía todos los años” (curiosamente lo mismo que dicen las señoras entrevistadas en el reportaje televisivo). “Bueno, señora, realmente el programa extremeño sólo contempla repetir la prueba cada dos años”. “Ve usted, lo que yo le decía, en esta tierra estamos atrasados, en ésto como en las vacunas y otras cosas…”.

Pues eso. Por lo que veo a pesar de todo en otros sitios están aún peor, lo cual, empero, no me alivia… A mi que me parece excesivo el celo preventivista de esta comunidad autónoma, pero se ve que el mensaje de más vale prevenir ha calado bien hondo en la sociedad, hasta el punto de convertirse en un himno institucional.


El pie desnudo de Elena


Bueno, Elena, ¿quería algo más?

Pues sí, mire usted. Me da no sé qué pedírselo, pero es que yo no puedo, con esta cadera que me duele tanto, y que me han dicho que ya no me pueden operar, y mire, es que no me puedo agachar, y esta mañana no me he podido poner el calcetín, que aquí lo tengo en el bolsillo, así que si es usted tan amable de ponérmelo, es que hace mucho frío, y viniendo para acá he cogido frio en el pie y no quiero constiparme. Siempre me pasa igual, voy por ahí siempre con el pie desnudo, y cuando eso le digo al primero que veo que me ayude a ponérmelo.

(Foto: socks, por terremonto)


Rectificando los errores del especialista del hospital



Nota dejada por un paciente en una receta de Omacor del especialista del Hospital.


¡Marchando una ración de miedo por 120 euros!


Noticia sobre avances genéticos aparecida hoy en el diario “ADN” (como no podía ser de otra manera):

Un nuevo test genético, pionero en España, permite a las personas fumadoras que se sometan a esta prueba conocer cuál es su nivel de riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón, con el objetivo de que se sientan empujadas a tomar la decisión definitiva de dejar este hábito.

La neumóloga Sagrario Mayoralas (Hospital Moncloa -privado-) ha explicado que esta prueba, que cuesta 120 euros y cuyos resultados se obtienen en dos semanas, muestra el riesgo estratificado en función de las variantes genéticas encontradas en cada fumador.

Está indicado para adictos actuales y personas que han fumado en los últimos 10 años, y se realiza a partir de unas gotas de sangre obtenidas mediante una pequeña punción en la yema del dedo, que se pueden tomar sin que el paciente esté en ayunas.

El análisis revela el nivel de peligrosidad de sufrir cáncer de pulmón, que será moderado si el fumador presenta un riesgo similar al del resto de la población fumadora, es decir, 15 veces por encima de la población general.

El riesgo alto indica que el fumador presenta un tendencia 25 veces más alta que los no fumadores de padecer esta enfermedad y el riesgo muy alto estima un factor 40 veces más elevado que el de los no fumadores.

La genetista María Orera ha explicado que la probabilidad de desarrollar esta patología oncológica depende fundamentalmente de factores genéticos y ambientales.

Ellos mismos nos recuerdan que hablamos sólo de riesgo, de asociación estadística, y que los genes sólo son una parte del problema. Pero no hay nada como la fascinación tecnológica, sumada a un poquito de miedo en el cuerpo, para que el pepito grillo de nuestro bolsillo nos ayude a dejar los malos hábitos.

Si yo fuera fumador, sin duda preferiría la cara amable y sin miedos ni alarmismos interesados de MiVidasinTi.


Preparados, listos, ¿ya?: El deporte como prescripción médica


Parece ser que los médicos de familia podremos a partir de ahora “prescribir deporte” (se entiende que no de la forma que presuntamente lo hacen algunos médicos tramposos). Fue una propuesta que sonaba a tiro al aire, pero al menos en Murcia se lo han tomado en serio.

Una consecuencia de todo esto (y por la cual muchos se estarán frotando las manos) es que, si se sigue la misma lógica que para los medicamentos con los visitadores de los laboratorios, pronto los centros de salud se llenarán de delegados de Akuarius intentándonos convencer con gráficas y “literatura” científica que son mejores calmando la sed y evitando deshidrataciones que su competencia, los de Geitoreid; y los de las prendas deportivas Naiq nos darán muestras de las cintas de pelo a lo pirata de Rafa Nadal; y nos invitarán a desfiles de modelos de ropa sport en hoteles de lujo (aquí no habrá, al menos inicialmente, códigos de conducta y ética profesional como los de Farmaindustria).

Éramos pocos y se puso de parto la abuela…

Con un poco de suerte lo mismo algunos pacientes son incumplidores de nuestras prescripciones y les pasa como a la del chiste.


¡A sus órdenes, señor especialista!


Extracto de un informe aportado por un paciente minutos después de abandonar la consulta del especialista hospitalario. Nótese la forma verbal empleada: “realizará”, “iniciará”, “subirá”. Por supuesto, ni el electrocardiograma ni las recetas se hicieron en la consulta del hospital, sino en el centro de salud.

En este “volante” que entregan en el hospital a los pacientes que se van a someter a un procedimiento de cirugía ambulatoria, podemos leer que el especialisto (perdón, quise decir “especialista”) suaviza su tono “rogándonos” que hagamos lo que ya solemos hacer (a veces por de más): controlar a nuestros pacientes. Pero en seguida retoma la disciplina militar para “recordarnos” nuestro papel princeps en el sistema sanitario: hacer de meros escribientes, en este caso para hacer las recetas de los medicamentos.

Comentario aparte merecería (de no ser por el hastío que me producen estos sucesos) la recomendación, en ambos documentos, de fármacos con marca concreta (en negrita, para que no “olvidemos” recetarlos tal-y-como-nos-mandan nuestros “superiores”), toda una medida coherente con la política de uso irracional de medicamentos que tan de moda está.

A veces dan ganas de dejar este trabajo y ponerse a barrer las calles, profesión a veces mil veces más digna que la de hacer los papeles y las tareas que a los demás “compañeros” no les da la gana de asumir. En fin…


Existe vida emocionalmente inteligente en el hospital


Sí. Cierto. La afirmación que da título a esta entrada es fruto de mis prejuicios. Reconozco que desde hace años pienso aferradamente que el hospital es un lugar frío e inhumano donde trabajan unos profesionales que sólo miran para sí mismos y donde la empatía y el sentido común son sólo palabras huecas en las que nadie cree a la hora de la verdad.

Pero la lectura de este artículo (gracias, Pilar) – Agud JL. Brújula para médicos noveles. Rev Clin Esp.2010;210(5):237–242- me ha devuelto la esperanza. ¡Puede haber vida emocionalmente inteligente en el hospital!

Que un médico de hospital considere que el nicho de trabajo del médico es la cabecera del paciente y no el despacho o la consulta, que el sentido común y la clínica (sintomatología y exploración física) es la guía fundamental de nuestro trabajo (y no la tecnología o las pruebas complementarias), que el contacto con la persona-paciente y su familia es deseable y no algo a evitar, que la práctica profesional va ligada a la aceptación de que somos humanos y por ello erramos y que aprovechar esta oportunidad es una virtud y no una desgracia, y que el aprendizaje crítico es la mejor forma de hacerse y ser médico, es algo que a estas alturas, a fuerza de ver y comprobar lo contrario en el trascurrir de los días, creía ya un fenómeno extinto.

Ojalá cundiera el ejemplo para las próximas generaciones de médicos de hospital (a los que el autor dirige el texto). Otro gallo cantaría.

[Foto: Amanecer en San Carlos, por fainmen]


Día Mundial de la EPOC (Enfermedad Pulmonar Orientada al Consumo)


Atención, pregunta:
¿Cuál es uno de los iconos que más representa la sociedad del consumo?

¡Acertaste!: el centro comercial.
¿Y cuáles son dos de las estrategias de marketing más socorridas para intentar captar la atención del público y conseguir que consuma un determinado producto?
¡Efectivamente!: la promoción ayudada por un famoso y la degustación gratuita del producto.
Y, por último, ¿en qué se han convertido los “días de…” (los enamorados, de la madre, etc)?
¡Pleno!: son meras escusas para incitar al consumo.
Pues bien. Todos esos elementos se pondrán en juego en el día de la EPOC, entidad patológica que he querido rebautizar, sin éxito, como Enfermedad Pulmonar Orientada al Consumo precisamente por este cúmulo de circunstancias (¿no buscaban nombre para la EPOC?).
Y es que mañana, día 17, día de la EPOC, en un centro comercial de la capital del reino, y animado por una famosa, habrá una espirometrada gratuita (léase, se le hará una espirometría a todo el que lo desee, aunque sea algo que científicamente no esté demostrado que sirva para nada).
Es una pena frivolizar un tema tan importante de salud de una manera tan burda.
Dicho esto, a mi se me acaban las palabras.

Yo ya he buscado mi nombre a la EPOC


Doctor. He leído el panfleto que tienen ustedes ahí al lado de la ventanilla sobre la enfermedad esa de los pulmones. Y vengo porque estoy asustado. Comencé a leer, y me quedé aquí (Mata a 50 españoles al día, pero casi nadie la conoce). ¿Cree que tengo esa enfermedad? ¿Me iré yo a morir de eso?

Como es lógico, José, obrero en paro que lleva media vida fumando, se preocupó al leer el panfleto. Y dejó de leer, no porque tuviera asfixia, sino porque le entró pánico. Hace unas semanas diagnosticaron de cáncer de pulmón a una antigua compañera del colegio de la infancia, aunque en su caso el tipo de cáncer no estaba relacionado con el tabaco.

Después de entrevistarle para ver si tenía algún síntoma respiratorio o general y de auscultarle, tuve que emplear a fondo mis dotes comunicativas para darle a entender que no había nada por lo que temer, al menos por ahora. Lo cité para una espirometría, que fue normal.

Del susto José dejó el tabaco, pero no se le quitó el miedo del cuerpo hasta pasadas unas semanas.

Esta historia es inventada, pero podría perfectamente ser real. Lo que no es un invento es el panfleto arriba reproducido. Ni que forma parte de una campaña llamada “Búscale nombre a la EPOC“, a partir de la cual los socios fabricantes del tiopropio, Boehringer y Pfizer, quieren dar a conocer la enfermedad a través de una página web y un grupo de Facebook donde nos animan a proponer un nombre de mayor postín que todos podamos recordar y que se puede votar y compartir en la red. Tampoco es un invento que esta iniciativa haya conseguido lo que nadie en este mundo: que las tres sociedades profesionales (que no científicas) de Atención Primaria (SEMG, SEMERGEN y SEMFyC) se unan (por la pasta). Y tampoco es un invento que la “prueba” que proponen para empujar a las consultas a los pacientes (la que vemos arriba) no tenga ninguna validez diagnóstica científicamente documentada, ni que su único fin implícito es asustar y servir de reclamo para que la gente pida espirometrías, que algún tratamiento caerá.

¿Tendrá que ver algo esta campaña con que los laboratorios implicados hayan sacado un nuevo dispositivo para administrar el bromuro de ipratropio? ¿Y que haya precisamente en estas fechas una lucha por copar los mercados a competidores aprobados para su uso en enfermedades como el asma o próximos medicamentos para la propia EPOC?

Como no podía ser menos, he propuesto mi propio nombre para el EPOC: Enfermedad Pulmonar Orientada al Consumo. Al consumo de espirometrías y de medicamentos para el EPOC. Para ello, pido mi voto a todo aquel que la parezca oportuno el nombre. Puedes hacerlo aquí.

OJO: Antes de acabar quiero comentar algo. Por si acaso las malas lenguas o los malos entendidos. El EPOC sí es una enfermedad, no es un invento. Además es oscura y funesta. Debe diagnosticarse y tratarse adecuadamente, nunca lo negaré. Lo que intento con esta entrada, permitanme ustedes la licencia, es poner en duda la filantropía de laboratorios, asociaciones de pacientes y sociedades científicas. Gracias.