Quemados, pero no del sol ni de los rayos UVA


Estamos de crisis, por si no lo sabían.

Y es esta crisis la que motiva que los presupuestos destinados a sanidad hayan sufrido un serio recorte (un 6% para Extremadura).

Y como consecuencia de ello nos hayan bajado los sueldos de los trabajadores sanitarios.

Y que hayan puesto en marcha medidas para el ahorro, como quitar ciertas marcas de la receta electrónica, algo que incluso ha puesto a la maquinaria jurídica de Farmaindustria a funcionar a pleno rendimiento.

Y que se instaure en esta región el “ceńtimo sanitario” para recaudar algunas perras más para la maltrecha sanidad.

Y que estén retrasando las próximas oposiciones para plazas de medicina de familia en AP (y de otras categorías), que saldrán probablemente con un número de plazas irrisorio.

Y que estén recortando las sustituciones a su mínima expresión.

E incluso las actividades de formación continuada.

Y que estén pensando en que los residentes hagan menos guardias.

Y que nos aprieten como nunca con las medidas de ahorro energético.

Casi todo eso lo puedo entender. Casi.

Pero lo que no puedo entender, con la que está cayendo, es que se dedique un sólo céntimo a elaborar, promocionar y difundir por todos los centros de salud una “guía para un correcto bronceado artificial“. Una campaña que desde la Dirección General de Salud Pública del SES consideran vital, porque según ellos el bronceado artificial es una “costumbre muy extendida entre la sociedad extremeña”.

Será que los serradillanos no tienen costumbres típicamente extremeñas, porque si no no se entiende que aquí no haya ni una sola persona que acuda de forma regular a centros de estética a estimular su melanina de forma artificial. Y si pudieran permitírselo, sensatamente lo dedicarían a otros menesteres. Algo que, por lo que se ve, no puede decirse del SES.

Me pregunto cuál será la próxima iniciativa: ¿las ventajas e inconvenientes de la aplicación del botox? Madre…

Campañas como ésta lo que provocan en nosotros no es ya un sano disfrute del bronceado, sino una pronunciada sensación de achicharramiento generalizado, pero no por el sol o por los rayos UVA, sino por las incoherencias de los gerentes metidos a políticos.

Adenda:

Foto del libreto promocional impreso en papel satinado distribuído por todos los centros de salud de esa comunidad autónoma (cortesía de Sara Trabajos).


Felicidades, hoy es tu día, el día de la Atención Primaria


Hoy, que hace 50 años que el hombre pudo ver por ver primera La Tierra desde el espacio, la atención primaria delmejorsistemadesaluddelmundo, la atención primaria masificada, desprestigada, falta de moral y de autoestima, y sobrada de papeles y de naderías, celebra su día.

Algunos lo celebrarán muy lejos del centro de salud, con los políticos del congreso y del senado (sociedades científicas y colegiales).

Otros lo haremos contando cuentos en los que aún creemos, a pesar de todo (APXII).

Y otros lo harán reivindicando desde las bases lo que somos, sin dejar de trabajar al lado de la gente.

¿A qué celebración te unes tú?


Todo para el médico pero sin el médico


Gran parte de la actividad que se demanda en el centro de salud la atiende el médico de familia. Pero como todos sabemos, no toda ésta es actividad clínica. La petición de informes, recetas, justificantes de todo tipo y de información no clínica (sobre todo sobre los trámites de citas para especialistas hospitalarios) inunda la consulta del médico de familia. Y de la actividad clínica, hay mucha que se genera a partir de problemas menores, como síntomas aislados o enfermedades leves autolimitadas.

Muchas de estas consultas no debieran haber entrado en la consulta del médico. Ya sea porque no se trata de problemas médicos como tal, por ser cuestiones administrativas o demandas de información sobre los circuitos de atención sanitaria que podrían perfectamente ser resueltos por personal administrativo, o por ser problemas del ámbito de lo social que podrían tratarse directamente por los trabajadores sociales, o por ser problemas clínicos de baja complejidad que en algunos lugares son atendidos por enfermería o directamente en la farmacia.

Según un reciente estudio, el 20% de la actividad del médico de familia no debiera haber sido atendida por éste. Traducido en tiempo, supone una hora al día haciendo cosas que no nos corresponde. Una hora menos para atender más y mejor a pacientes que verdaderamente nos necesitan por problemas que, ahora sí, sólo nosotros podemos atender. Pero el problema no se queda ahí: dedicarnos a ver catarros y hacer papeles es cómodo, y muchos compañeros se han acomodado a un trabajo que despersonaliza, sí, pero que exige profesionalmente poco.

Señores: nosotros no estamos para ver mocos y hacer recetas. Cuanto más tiempo pasamos haciendo estas tareas más pericia perdemos para problemas clínicos moderadamente complejos, que son los que genuinamente nos corresponde por el nivel de formación al que hemos accedido.

Si no se pone remedio, todo lo que entre en el centro de salud será para que sea visto por el médico. Pero a éste no lo tendremos para las cosas importantes. Para aquel entonces la Atención Primaria dejará de tener sentido.

Entonces, ¿cuál es el remedio? Como propusimos en este proyecto que nunca vio la luz, la solución pasará por el verdadero trabajo en equipo y por filtrar las demandas de asistencia para que las cargas de trabajo se distribuyan entre los profesionales de los centros de salud que más adecuadamente pueden darles respuesta. Ni más ni menos.

El médico es como un coche: si sólo lo quieres para ciudad consume mucho y es poco operativo: para verlo funcionar bien debes meterlo en carretera. Pero se ve que sólo nos quieren para trayectos cortos o que a veces nos resulta más fácil o más cómodo coger el coche hasta para comprar el pan en la tienda de la esquina.

Todo para el médico pero sin el médico. A lo mejor es eso lo que interesa que suceda…


¿Qué valoran más los pacientes de su médico? Pues depende…


¿Qué es lo que más valoran los pacientes de su médico?

La respuesta a esta aparentemente sencilla pregunta puede tener muchas variantes. Nunca podrán ser ni similares si se lo preguntamos a los usuarios habituales que esperan sentados a que les atienda su médico del centro de salud o si lo hacemos en una red social de internet para usuarios de servicios sanitarios, generalmente de atención especializada y de la asistencia sanitaria privada.

Así, en el primer caso parece ser que lo que más se valora son las competencias emocionales, sobre todo el que el médico sea capaz de escuchar. En el segundo, las competencias técnicas: llegar a realizar una evaluación minuciosa.

Las primeras son económicas y dependen más del profesional, de su integridad y calidad humana: las segundas dependen de la disponibilidad tecnológica y la capacidad económica de compra, y por tanto del mercado.

¿Hacia cuál vamos? ¿Cuál es la que más interesa potenciar?

(“Audífonos al desnudo“, de JProg)


Un médico “barato”


Los pacientes hablan de sus médicos. Inevitablemente. En la tienda de la esquina, en la plaza, cuando se encuentran con la vecina en el ayuntamiento, en la sala de espera del centro de salud, en la farmacia… en cualquier lado. Y es habitual que hagan juicios de valor, casi siempre generalizando a partir de la experiencia de algún encuentro clínico determinado. En ocasiones los juicios son acertados, sobre todo cuando se contrastan con la opinión de otros pacientes, pero cuando se basan en sólo una visita o una mera conjetura suelen ser disparos al aire.

Muchas veces esos calificativos o críticas llegan en forma de rumores al oído del médico. En mi caso, desde que llevo en este pueblo, hace ahora justo 6 meses (¡cómo pasa el tiempo!) me han llamado ya de todo. Uno de los juicios más curiosos que he oído sobre mí es que “no mando antibióticos”. Juicio que lleva a muchos pacientes a desconfiar cuando por un catarro común no los prescribo. Por tanto, no es un tema para nada baladí.

Otra crítica habitual es que soy “un médico barato”. Supongo que se referirán a que suelo prescribir, siempre que puedo y me dejan, por principio activo. O a que para una agudización de un EPOC prescribo prednisona en vez de deflazacort, para un eccema hidrocortisona en vez de prednicarbato o para una neumonía amoxicilina en vez de levofloxacino, o para el inicio de una hipertensión arterial un atenolol en vez de un ARA-II de últimísima generación. Tampoco suelo prescribir antilipemiantes para la prevención primaria de bajo riesgo cardiovascular en personas sanas, ni ya sea simvastatina o rosuvastatina, ni mando analíticas cada 6 meses en personas sanas “para ver cómo está” el tiroides o el colesterol.

Pero lo que no saben los pacientes de mi consulta, aunque algunos lo intuyen, es que no lo hago “para ahorrar”. Tampoco para llevarme más porcentaje de incentivos de mi empresa (¡si supieran lo que ésto supone!). Tampoco por llevarle la contraria a la industria farmacéutica (a cuyos representantes no recibo). Ni para arruinar a la farmacéutica del pueblo, que sé que hace lo que puede. Ni para llevarme bien con el farmacéutico de área (que además es amigo, declaro éste mi conflicto de interés) o con los jefes.

Da la casualidad de que son medicamentos más baratos, de que por iniciativa propia “resulto económico”, pero esa no es la cuestión. No busco ahorro. Sólo intento, en la medida de lo que puedo y me dejan y sé, hacer las cosas bien. Lo que no sé es si lo consigo… Supongo que dependerá de quién, cómo y para qué se mida eso de “hacer las cosas bien”. Y de con quién me comparen.

¡Tiene miga la cosa!

(Foto: El barato, de ctrwl)


¿Médicos de familia o Médicos burócratas?


Aunque nosotros no queramos, algunos pacientes nos ven así:

Como funcionarios que nadan entre papeles y papeles que no sirven nada más que para poner trabas para alcanzar lo que ellos desean (la receta, la prueba, el volante para el especialista).

¿No tendrá algo que ver la falta de autonomía profesional, el gerencialismo, la burocratización de la práctica clínica y la progresiva clientelización de la asistencia sanitaria? ¿O es que somos nosotros, que nos estamos acomodando a no hacer más que papeles?

(Video gracias a Julio C.)


Centros de salud solidarios, una muestra más del valor de la AP


El Centro de Salud Lucano (ahora Unidad de Gestión Clínica), junto con el Grupo 3er y 4º mundo de la Samfyc (Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria) pretenden generar una red de Centros de Salud comprometidos y Solidarios con su entorno, con la sostenibilidad y el medio ambiente, así como con los mas necesitados de nuestras zonas de acción y de otras más lejanas en vías de desarrollo.

Para ello se han diseñado una serie de acciones que catalogamos por consenso en “Criterios Mayores”, los más deseables, y “Criterios menores”, con algo menos transcendencia. Por supuesto, ésto puede no coincidir con el criterio de otros profesionales ya que ha sido definido en base al entorno y características sociales, culturales y de equipo de la UGC Lucano.

Se define para entrar en la red que se crea el compromiso de una parte importante del equipo a cumplir al menos 5 criterios mayores y 10 menores.

Podéis encontrar más información en la web de la UGC Lucano.

[Foto: Oaxaca resiste y contagia, por Libertinus]


Ya somos mayorcitos para decidir cómo hacer nuestro trabajo…


La extraordinaria foto fruto de la imaginación de Clara Benedicto y de las hermanas María y Raquel Gómez Bravo da pie a un atrevido grito de libertad: Es hora de que decidamos por nosotros mismos. Sin duda.

Gracias a Jaume y Sergio por dar forma a nuestros anhelos.


Demanda de servicios inducida por la televisión


Que la televisión ejerce una influencia brutal en las expectativas de los ciudadanos es algo de sobra conocido. También siguen el mismo comportamiento, como no, los mensajes sobre salud que se lanzan en la caja tonta, y sobre todo en los noticieros.

Sin yo saberlo, anoche echaron un minireportaje en las noticias de la uno sobre un nuevo método de detección del cáncer de mama, capaz, como vemos en esta instantánea, de detectar tumores del tamaño de la cabeza de un alfiler. Una técnica -desarrollada por un acuerdo de colaboración público/privada– que, por ahora no está del todo validada respecto al patrón oro, que es la mamografía convencional, pero que al parece ya disponen de él en un hospital español.

Pues bien. Esta mañana, una señora acudía a mi consulta. El motivo aparente de consulta era banal, pero la paciente traía su particular lista de la compra, y dejó para el final lo que luego entiendo que era su principal expectativa. “Ya he cumplido 50 años, y quisiera hacerme una mamografía”. Al explicarle que precisamente esa era la edad en la que comenzaba el programa de detección precoz del cáncer de mama de Extremadura, y que por tanto, se pondrían en breve en contacto con ella para hacerle la prueba, la paciente, impacientada, susurraba: “Claro, es que aquí en Extremadura para estas cosas de prevención estamos muy atrasados…”

Traté de explicarle que de todas formas formas no está demostrado que la mamografía aporte más beneficios que desventajas en la detección del cáncer de mama, pero ella insistía en que quería hacerse, a pesar de que no tenía bultos en la mama ni antecedentes familiares, “una mamografía todos los años” (curiosamente lo mismo que dicen las señoras entrevistadas en el reportaje televisivo). “Bueno, señora, realmente el programa extremeño sólo contempla repetir la prueba cada dos años”. “Ve usted, lo que yo le decía, en esta tierra estamos atrasados, en ésto como en las vacunas y otras cosas…”.

Pues eso. Por lo que veo a pesar de todo en otros sitios están aún peor, lo cual, empero, no me alivia… A mi que me parece excesivo el celo preventivista de esta comunidad autónoma, pero se ve que el mensaje de más vale prevenir ha calado bien hondo en la sociedad, hasta el punto de convertirse en un himno institucional.


Las naranjas de Gonzalo


Cuando Gonzalo me llama para decirme que vaya a por unas naranjas de su huerto yo ya sé que en realidad lo que sucede es que no se encuentra bien.

A Gonzalo le vi por última vez en la consulta el día que me contó que ya venían a por él. Estaba asustado. Cada vez que salía de casa y andaba dos pasos le empezaba a doler el pecho, y se le descomponía la barriga, y ese día, viniendo a la consulta, le volvió a pasar. Gonzalo, ya no vengas por aquí en un tiempo, yo iré a verte.

Y por eso ahora me llama, como quien no quiere la cosa, para tantearme: las naranjas son la excusa para que vaya a verlo. El miedo le impide reconocer que está solo, que siente la muerte cerca, que tiene necesidad de contárselo a alguien. Pero su mirada, a medio metro de mi, no me engaña.

[Foto: Naranja, de Ghost of Kiju ]