Formación médica (dis)continuada y condensada


El otro día me llaman por teléfono a la unidad docente donde trabajo:

«Oiga, llamo del centro de salud X, soy fulano. Quisiera saber los cursos que están programados para este año»

«¿De la Escuela de Estudios de Ciencias de la Salud, de Fundesalud o los propios de la Gerencia

«Me da igual, todos»

«Pues es cierto, da igual, sólo podemos informarles de alguno de los cursos que organizamos desde la Gerencia, pero los de la Escuela y los de Fundesalud no están aún »

«¿Que estamos a finales de Enero y aún no está listo?»

«… pues sí…»

«¿Y no le parece un poco vergonzoso que a estas alturas no sepamos nada? Luego antes del verano y a final de año lo pondréis todo junto, de manera que es imposible al final ir a casi nada, y como no ponéis sustitutos pues al final de formación nada»

«… pues sí…»

Tierra trágame. Pensé.

Iba a explicarle el largo proceso desde que en mayo les pedimos a los equipos de AP que elaboraran y nos remitieran los programas formativos intracentro y las fichas de identificación de necesidades formativas sentidas, hasta que las analizamos y comenzamos a gestionar los cursos, planificamos el año docente y priorizamos qué cursos hacer desde la propia gerencia y cuáles desde la escuela, y que después ésta debe a su vez analizar la oferta de otras áreas, y luego otra vez planificar y cuadrar el presupuesto, y después mandar a publicarlo en el diario oficial de extremadura, y por último la difusión de vuelta a las unidades de las áreas para que éstas a su vez publicitemos la oferta docente a los centros. Pero desistí. Si en realidad llevaba razón…

Estuve en ese momento a punto de ponerme a relatar las veces que llega la información cuando se ha acabado el curso, o las que se solapan dos actividades al mismo tiempo (como aquel taller de MBE que iba a dar yo y que tuve anular por falta de discentes, cuando Fundesalud estaba esa misma semana celebrando otro curso igual en Badajoz; o como cuando el mismo día y a la misma hora, en Cáceres y en Plasencia, distantes sólo 75 kms, se celebraron sendos seminarios sobre fármacos en el embarazo). Sin embargo, ¿para qué, salvo para desahogarme?

También estuve tentado de decirle que no era para ponerse así, que ni la Escuela Andaluza de Salud Pública ni la Fundación Jordi Gol i Gurina ni la Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial, por citar ejemplos, tienen aún colgados sus programas formativos para el 2010. Pero, claro, necio me podría haber llamado, con razón.

Y de los sustitutos… bien, de los sustitutos mejor no hablamos hoy, lo dejamos para otro día, ¿vale?


Las amenazas que se acechan sobre la Atención Primaria


(O más bien que están devorándola).
Según la pareja de baile más repetida de la historia más repetida de los concursos de baile del mundo de la Atención Primaria española, nuestra amada y odiada especialidad y el primer nivel asistencial padecen de una serie de males. No se atreven a emitir pronóstico, por lo incierto del proceso, pero está claro que aciertan en los criterios diagnósticos del mal. Estos chicos son incombustibles, y donde ponen el ojo ponen la flecha: no fallan.

Humildemente, me atrevo a añadir un nuevo criterio diagnóstico: la falta de unidad entre los médicos de familia. No me refiero a que las sociedades científicas de AP no se terminar de decidir si se unifican o no. Es mucho más allá de eso (además, por mucho que se produjera, la situación no cambiaría sustancialmente: la fusión de las sociedades de primaria, a pesar de lo que digan los popes de la especialidad, vease recientemente Planes y Gómez Gascón, no es la solución a la crisis de la Atención Primaria, aunque sí que podría ayudar). Tampoco me refiero a que no haya diversidad de opiniones o diferentes visiones en la AP, que pueden enriquecer el debate y son necesarias. Tampoco estamos hablando de corporativismo o disciplina interna. El problema más bien es que los intereses de los médicos de familia son tan centrífugos y de visiones tan divergentes que falta una visión de conjunto, una mínima coherencia de discurso y una claridad de ideas, y así es difícil compartir un proyecto común. La división debilita, y la medicina de familia está exhausta de tanta divergencia…
De todas estas amenazas, abrimos debate de cuál es la principal lacra, la que más prioritariamente debe ser combatida. Nosotros ya tenemos decidida la respuesta. ¿Y vosotros?