¿13 y martes o problemas crónicos irresolubles?


Reunión a primera hora con tutor hospitalario (adjunto de urgencias): que si los residentes son tal y tal, que no demuestran actitudes, que si tienen poco interés por aprender, que si patatín que si patatán, cualquier tiempo pasado fue siempre mejor.
Reunión a última hora con residentes: que si los tutores son tal y cual, que si no tienen actitud docente, que si tienen poco interés por la docencia, que si patatín que si patatán, antes los tutores no eran así.
Todo aderezado con ejemplos por ambas partes en similares circunstancias, con parecidos actores, pero con visiones sobre «el otro» diametralmente opuestas…
Aunque uno a nivel cognitivo y racional tiene las cosas más o menos claras de lo que sucede cuando estas cosas pasan, a nivel emocional no puedes sino venirte abajo y dejarte llevar por el desánimo…
Mientras tanto, la cuerda sigue tensa, unos en un lado tirando, otros en el lado opuesto tirando en sentido contrario… ¿quiénes están en el centro? ¿Quién podrá más? Y sobre todo, ¿quién ha planteado este juego en estos términos?
(Imagen extraída del blog «Ciencia Online«)

Lo prioritario no es siempre lo importante.


Ya lo dijimos antes. Una cosa es lo prioritario y otra lo importante…
Hablamos de docencia, hablamos de formación sanitaria especializada.
Hace año y medio que se aprobó a nivel nacional un decreto, el 183/2008, el mal llamado «decreto formativo MIR». En este, además de regular aspectos que el anterior, el «decreto laboral de los residentes» dejó en el aire (como el siempre controvertido tema de la «adquisición progresiva de responsabilidades» y el «derecho de supervisión» de la actividad asistencial de los residentes), se venía a normalizar cuestiones vitales para la formación sanitaria especializada. Entre ellas la nueva configuración del sistema docente especializado, la creación de las Unidades Docente Multidisciplinares (en la que medicina de familia comería de la misma mano que la aún no desarrollada especialidad de enfermería familiar y comunitaria), la sustitución de la comisión asesora por las comisiones de docencia de MFyC, y, sobre todo, el sistema de reconocimiento de la labor de los tutores.
Esto último es algo que ha sido impunemente obviado y olvidado en este sistema sanitario. Porque el tutor es el ser y no ser de la formación. Por justicia histórica. Porque se lo merecen. Porque necesitan este revulsivo para seguir sintiendo que su labor la entiende alguien, la valora alguien, sirve, en definitiva, para algo.
Pues bien. Los coordinadores (ahora jefes de estudio) de las Unidades Docentes (ahora Comisiones de Docencia) de MFyC y los técnicos (de salud?, docentes?, ni nosotros lo sabemos), ingenuos, corrimos a leernos con furor este decreto, analizándolo con lupa, juntándonos y creando grupos de trabajo para elaborar propuestas. Mientras tanto, en nuestra autonomía se nos concedieron espacios para portar ideas: unas jornadas (donde expuse la presentación que os adjunto abajo) y un par de reuniones de grupos de trabajo. En nuestras comisiones asesoras comunicamos con alegría la buena nueva a los tutores y a los residentes. En estas cosas volcamos ilusión y esperanzas…
Pero en esta España nuestra de los reinos de taifas, un decreto aprobado a nivel estatal no dice nada si no se acompaña de su correspondiente decreto autonómico. Estos 17 decretos autonómicos debían haber estado aprobados para febrero de este año, un año después de la aprobación del estatal. Este periodo máximo ha pasado. El tiempo ha pasado. De hecho, van pasado los meses y ni una sola comunidad autónoma lo ha aprobado, y aún faltan muchos meses para que lo hagan. Ninguna tiene prisa por hacerlo. ¿Motivos? ¿La crisis económica? ¿La gripe A? ¿La falta de ideas? ¿Negligencia? ¿No estamos ante una prioridad? O vete tu a saber. Porque nadie sabe aún porqué. No han tenido ni la decencia de explicarlo. Mientras tanto, aquí seguimos, todo sigue igual. Y lo peor: nadie garantiza que ni con decreto ni sin decreto la cosa vaya a mejorar.


Hospital cerrado por vacaciones


Un honesto residente me llama hace un par de días para contarme: los colaboradores docentes de un servicio por el que estaba rotando se habían marchado de vacaciones y se había ido a la consulta de un compañero de éstos. Tenía sólo 5 pacientes citados y a las 10.30 de la mañana ya habían acabado. «Si quieres vete a casa, ya no tenemos nada más que hacer en este día».
«¿Cómo?»
«Pues lo que oyes. Te llamaba por si te parecía que hiciéramos algún cambio».
¡Cómo no, por favor!
Contacto con el responsable de otro servicio con la idea de adelantarle la siguiente rotación y me contestan que no hay problema, «pero la siguiente quincena se ha cerrado la consulta porque nos vamos 2 de vacaciones y se queda sólo X para la planta y para las contingencias».
Así es la vida. Luego decimos de las listas de espera…


Lo urgente nos impide atender lo esencial


Ayer se celebraron acá en Plasencia unas Jornadas para residentes de medicina de familia que todos los años organiza la Sociedad Extremeña de Medicina Familiar y Comunitaria conjuntamente con la Unidad Docente anfitriona. Eventos como este tipo siempre son aprovechados para hablar con compañeros, y, cómo no, compartir inquietudes.

Una de esas personas a las que gusta encontrar es Juan Antonio Linares, que además de un estupendo médico de familia y mejor coordinador de unidad docente (la de Badajoz), es un extraordinario compañero. Me comentaba que, a pesar de que la técnico de salud (Pilar Abaurrea) y él habían acometido una serie de cambios en los últimos años en la Unidad Docente (sistema de acreditación de los tutores por niveles, programa formativo en técnicas de tutorización, incentivación económica a los tutores, liberación de 2 mañanas al mes para tutorización activa con los residentes, etc.), tenían la sensación de que no se estaban cumpliendo los objetivos y que la cosa no iba bien. Y si no va bien en una unidad docente que lleva a cabo todas estas inciativas y muchas más que son demandadas por todos los actores del proceso docente, pues imaginaos cómo está la situación en las unidades donde todo esto nos parece casi utópico siquiera plantearlo…

La amenaza de que la crisis de la Atención Primaria se extienda también a las estructuras docentes está ahí. De hecho, la percepción casi generalizada es que esto no está funcionando. Ni programa de cuatro años, ni portolio, ni libro del residente, ni jornadas de tutorización… Todos parecemos estar viendo morir al monstruo que hemos creado, pero ninguno de nosotros parece que nos estemos dando cuenta de que es cierto, que se está muriendo de verdad! Los políticos nos dicen que debemos debatir. Pero se ha debatido ya mucho. Siguiendo nomencaltura de análisis cualitativo, el discurso del debate de los orígenes y las consecuencias de la crisis de la AP y de la formación sanitaria especializada está saturado. Ya no procede seguir viendo la muerte venir, impávidos. Si aún es posible, impidámoslo, o bien paliemos su dolor, pero la morbosa inactividad o ineficacia no es asumible.

En ello estábamos reflexionando en voz alto Juan Antonio y yo, cuando nos centramos en un hecho que es, quizá, determinante. Nos centramos mucho y desde demasiado temprano en trasmitir la obsesiva inercia de la demanda, de la demora y de la urgencia, a costa de dejar de abordar la cuestión fundamental y esencial que es definir y profundizar en el concepto de lo que es y lo que significa ser médico de familia, sea donde sea que éste desarrollo su labor principal (urgencias, centro de salud, unidad docente, unidad de élite de salvamento marítimo o servicios médicos de RENFE). Desde R1. Desde el primer día.

Obsesión por la demanda, la demora y la urgencia. Lo asistencial. Lo urgente nos invade, y dejamos para otro momento (que nunca termina de llegar) lo esencial. Y así, luego, nos va.

(Imagen extraída de Medicoblog de Familia)


¿Qué formación queremos para los médicos de familia?


Hoy he vivido otro de esos episodios complicados de vivir como médico de familia. En una reunión de Comisión de Docencia a la que interinamente he tenido que asistir en nombre de la Comisión Asesora de la Unidad Docente de Medicina Familiar y Comunitaira, he oido de la boca de un compañero especialista hospitalario esta frase, que de tan «atrevida» que me ha parecido la tengo perfectamente grabada en la mente. La dejo caer, ya entraremos a valorarla:
A mi juicio, las mejores promociones de residentes de medicina de familia han sido aquellas en las que el programa de rotaciones era casi completamente a costa de rotaciones hospitalarias.
Ahí queda eso.

I have a dream about family medicine


Hace cosa de un mes y medio, una compañera residente de cuarto año de medicina de familia, pocas semanas antes de acabar su periodo formativo, en mitad de una guardia, fue asesinada brutalmente por un paciente. El suceso ha conmovido no sólo a la medicina de familia, sino a la sociedad en general. Incluso, hay medios de comunicación que han investigado la vida de esta chica, de lo más normal (en el buen sentido de la palabra), por otro lado. Hasta los médicos somos personas normales y corrientes…
A cientos de kilómetros de distancia, otro médico de familia, curiosamente componente de la primera promoción de residentes de la recién inaugurada especialidad, allá hace 30 años, escribía esta conmovedora carta:

HAN MATADO A UNA PERSONA, ESPECIALISTA EN PERSONAS.

En ella, Albert Planes, uno de los pesos pesados de la medicina de familia, además de despedir emotivamente a María Eugenia, la compañera desaparecida «en combate», comparte con todos su sueño sobre la medicina de familia, emulando el ultrafamoso discurso de Martin Luther King.

He soñado sí, he soñado que recuperábamos nuestro orgullo de ser médicos de familia, que disfrutábamos con una de las profesiones más bellas que existen. He soñado que tansmitíamos a nuestros conciudadanos ese sentimiento. He soñado que trabajábamos con ellos para recuperar el mutuo respeto, para salir de la encrucijada en que nos encontramos. En esa nueva relación nadie me gritaba en la consulta, nadie me exigía cosas humanamente no exigibles, nadie cargaba contra mi las deficiencias de un sistema sanitario excelente pero siempre mejorable. Nadie se creía con el “derecho de” y sin el “deber de”, nadie me cuestionaba continuamente, nadie me echaba en cara que no le supiera resolver todos sus problemas, nadie pretendía que yo lo supiera absolutamente todo. Nadie olvidaba mi dedicación, nadie dejaba de apreciar la humanidad de mi trabajo, la importancia de mi cercanía, la intensidad de mi relación con todas las personas.
En esa renovada realidad, nadie olvidaba lo importante que es disponer de un buen médico especialista en personas.
Y en ese nuevo escenario, en esa nueva realidad (que en muchas ocasiones he vivido en mi experiencia profesional), sobraban los servicios de seguridad en los centros de salud, porque el respeto mutuo, la importancia social de mi profesionalidad, eran vacunas sobradamente suficientes contra cualquier tipo de agresividad.
Y he soñado que algún día podríamos contarte la realidad de ese sueño y he despertado convencido de que ese sería el mejor homenaje que podíamos ofrecerte. Y creo que esa realidad formará parte de tu humana trascendencia. Y me he visto, quizás utópicamente, dándote las gracias por habernos ayudado a descubrir esa nueva y bella realidad.

El que habla se siente identificado, como no, con este sueño.

Pero también con las palabras de Turabián y Pérez-Franco:
Pretender que exista y se desarrolle la medicina de familia (MF) en España en la situación actual parece que es como buscar el paraíso en el valle cubierto siempre por la nubes de la película La Vallée. ¡Pero hubo un tiempo en que parecía que existía!
(…)
El MdF establecido se ve arrastrado por las mismas corrientes generadas por el aumento de la demanda —en una población medicalizada donde se crean enfermedades de estados naturales de la vida—, de la frecuentación —protocolos biomédicos que generan sobreuso médico y farmacológico y iatrogenia— y el desuso de la entrevista clínica centrada en el paciente y su contexto, para pasar a una entrevista centrada en el ordenador y su software pensando en el hospital y en el gerente. La falta de modelos de buena práctica en MF origina un mayor alejamiento progresivo de los conceptos de MF en los médicos jóvenes y en formación.

¿Ganará el sueño a la realidad?

Desglose de plazas vacantes MIR: medicina de familia se salva (por los pelos)



(Imagen obtenida del blog «Revista Júpiter«)

Este año ha sido levemente mejor la cosa. Frente al augurio pesimista y derrotista de algunos, «tan sólo» 51 plazas de MFyC han sobrado. No es un éxito, es un mal menor. Habrá que analizarlo con sosiego, porque aún así la situación sigue siendo complicada…

En nuestra Unidad Docente, se han adjudicado 6 plazas de nueve posibles. Habrá que ver si todos ellos toman posesión de las mismas, y cuántos acaban la especialidad, y cúantos de ellos terminan trabajando en alguna de las posibles salidas de los médicos de familia.

NO estaría de más que alguien alguna vez analice este tipo de cosas, y la planificación de los RRHH y de provisión de puestos de trabajo y la de plazas MIR se organizara en base a unos datos reales y que tengan en cuenta la compleja situación de cada área de salud.

Mientras tanto, palos de ciego…


R4 de medicina de familia: deshojando la margarita


(Imagen extraida del perfil de «Errecuatro Chile» en Facebook)
A principios del año pasado, a los que trabajamos por y en la formación sanitaria especializada en ciencias de la salud, a la Comisión Nacional de la Especialidad, a ciertas sociedades científicas y a los residentes, nos irritó que las administraciones sanitarias central y algunas autonómicas quisieran aprovechar el potencial de los residentes de medicina de familia y su ligazón contractual con los servicios de salud para que taparan los huecos que su incompetente gestión y planificación en materia de recursos humanos.
Poco más de un año después, las mismas administraciones, agobiadas por la crisis económica, recortan sus presupuestos hasta el límite de que a esos mismos residentes de medicina de familia, que están a punto de acabar su andadura formativa, les están comunicando que no pueden contar con ellos para contratarlos.
Curiosa paradoja.
En esta primavera plagada de flores, a estos errecuatro no les queda más remedio que cojer dos margaritas del campo y deshojarlas. La primera, para decidir «me voy» o «no me voy»; la segunda para preguntarse «me quieren» o «no me quieren». Tanta incertidumbre, tanta confusión…
La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Mario Vargas Llosa dixit.

La crisis desde la formación


La crisis económica está salpicando a todas las instancias, instituciones, profesiones y ámbitos de la vida. Incluso a la formación sanitaria, tanto continuada como especializada. Sí, puede parece que la formación es una isla a la que no llegan los problemas del día a día. Pero es sólo una suposición infundada: desde luego no está al margen de lo que está sucediendo.

Un efecto que es claramente observable en las estadísticas que no paran de emitir los noticieros y medios escritos de comunicación es el desempleo creciente. La falta de liquidez, el incremento en el gasto social y la dismunución de los aportes procedentes de los impuestos, entre otros factores, hace que la administración también decida no contratar a nuevas personas. Esto lleva a «apañarse» con el personal ya existente.

En el ámbito sanitario la demanda asitencial no tiene freno, y crece todos los años un poquito (o un muchito, según se mire). Si no se crean nuevas plazas ni se sustituye al personal en vacaciones, días de libre disposición o bajas por enfermedad, los titulares e interinos se ven abocados a acumular consultas, sobrecargándose más aún si cabe. Esto probablemente redunde en una peor calidad asistencial. Desde el ámbito de la formación continuada, ¿cómo vamos a planificar ninguna actividad docente? ¿Cómo vamos a esperar que la gente asista a los cursos?

Por otro lado, si los presupuestos en capítulo de personal están congelados o en recesión, ¿qué futuro le esperan a los futuros médicos y resto de especialistas en formación? Hemos formado en los 4-5 últimos años a más de 3500 profesionales médicos que en el próximo mes de Mayo saldrán a un mercado laboral paralizado. Sin posibilidad de trabajar, tendrán inevitablemente que diversificar su espectro de posibilidades, y no me cabe duda de que sabrán adaptarse a la nueva situación, ¿pero podrán aguantar? Si ya de por si el final de la residencia supone una carga de incertidumbre importante, en este contexto social quizá lo será más aún. Y las unidades docentes (en una de las cuales trabajo), nos preguntaremos si tiene sentido la labor que hemos hecho en estos últimos meses y si tiene sentido muchas de las cosas que ahora hacemos…

Un saludo