Confesiones del Dr Gavilán. Como el médico de Franco



Dicen que a Franco le alargaron la vida, con mucho sufrimiento por su parte, entre otras cosas por el miedo al día después de su muerte. Los médicos que le atendieron probablemente sabían que el monstruo estaba sufriendo, pero la incertidumbre histórica y las órdenes políticas de mantenerlo con vida a toda costa pudo con ellos (¡cualquiera pone en práctica la eutanasia en ese contexto!).

A veces me da la sensación de que algo así está pasando con la Atención Primaria. La agonía de este otro monstruo está igualmente siendo dramática. Y los que la mantenemos con vida artificialmente tememos “miedo al día después”. Sin embargo, y a pesar de que realmente a muy poca gente le interesa verdaderamente la Atención Primaria, los que deciden y mandan son los primeros (aunque no los únicos) que quieren que viva, pero una vida agónica, alargada con tratamientos sintomáticos y paliativos, sin futuro, apagándose poco a poco..

A veces me entran ganas de desear con todas mis ganas que muera ya. Y que alguien, o entre todos, construyamos Otra Atención Primaria, llámese X. Una Nueva Atención Primaria donde podamos simplemente trabajar como sabemos y queremos. Aunque no sé hasta qué punto este deseo es compartido por mucha gente.

Por lo pronto, y mientras llega su muerte y renovada resurección o renacimiento o alumbramiento de su hijo, ya tengo una propuesta de epitafio:

En ALMA ATA nació,
pero pronto el ALMA le arrebataron
y al fin ATAda murió,
en todas las esquinas
y a la vista de todo el mundo

Y a quienes piensen que lo doy todo por perdido, les dedico esta canción (que cambio, por licencia creativa, su título a “Atención Primaria, moriría por vos”).


(Imagen extraída del blog “Crónica de una adopción“)


Another brick less in the wall


Durante la dictadura militar argentina, los milicos, como en toda dictadura, quisieron acaparar todas las facetas de la vida en su paranoia fascista. La música, como expresión cultural con cierta vocación revolucionaria y de propuesta de cambio, no podía ser una excepción. De ahí que elaboraran una lista de canciones prohibidas (eufemísticamente denominada “no aptas”), hecha pública hace unos días.
Dentro de esta lista hay canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida. Sirva pues este post como homenaje a la vida y a la libertad que la ventana de estas músicas permite ver a su través.

Dedicado a los profesores Zurita y Olivero, del otro lado del charco en dirección suroeste.


Confesiones del Dr. Gavilán: mis problemas con la autoridad


Ahondando en la línea intimista y confesor de estos títulos.
Mi relación con la autoridad no ha sido, honestamente, fácil. Incluso alguna vez, durante la adolescencia y más allá en los primeros años de adultez, me gané alguna amenaza de arresto que otra. Se puede decir que era una época de rebeldía…
Más tarde, pasé a ser crítico con la autoridad. Pero una crítica negativista, sin ningún ánimo de construir, sino casi de fastidiar, al ilustrar la vacuidad del ejecutor del poder.
Con el tiempo, creí más útil pasar a ser constructivo, sin dejar de ser crítico. Incluso comencé, casi sin solución de continuidad, a ser colaboracionista, lo cual me llevó a recibir críticas, a veces merecidas…
Creo que ahora toca ser otra cosa. Aún por definir. Pero probablemente vaya por esta línea que ahora comento.
Hace unos meses, coincidí con uno de esos maestros a los que hice alusión en el post que inauguraba esta saga. Alberto Pardos, médico de familia y facilitador de procesos, había venido a Plasencia a continuar con una tarea que le había encargado la Gerencia meses antes: intervenir en las turbulentas relaciones entre la propia Gerencia y un centro de salud urbano, acreditado para la docencia especializada. Estábamos tomando unos vinos mientras le manifestaba mi descontento y desilusión por entender que “los de arriba” no facilitan la labor de “los de abajo” ni parecen tener ganas de mover un sólo ápice por cambiar ni mejorar las cosas. Y compartimos experiencias mutuas de relaciones complejas con la autoridad y la forma de afrontar dichas relaciones.
Para explicarme una forma eficaz de afrontar estos problemas, me introdujo primero lo que significa la teoría general de los sistemas (de la que tanto había oído hablar durante la residencia y nadie nunca me supo explicar en qué consistía) y lo que es la facilitación de procesos. Y me contó una interesante anécdota que le pasó hacía unas semanas.
Me venía a decir que lo fácil es caer en la confrontación con la autoridad (llámese ésta como se llame), pero que esa actitud no conduce a nada satisfactorio. Entiende él, desde un enfoque sistémico, que en estos casos suele haber una discrepancia en el orden de las preferencias y los valores de cada cual. La actitud más provechosa consiste en 1) tener claro tu esquema de valores y prioridades y 2) hacerles ver las cosas como tú las ves…
El ejemplo que ilustra esta forma de afrontamiento de la discrepancia (según lo recuerdo): Hace unos días ví en el programa Callejeros una escena que me impactó. Era un grupo de guardias locales que trataban de disuadir a un joven ebrio a que entrara a su casa por una orden de alejamiento. La policía no sólo no lograba controlar la tensión del momento, sino que avivaba la ira del chico, de manera que al final se tuvo que pedir refuerzos y reducirlo a la fuerza. Pobre manera de afrontar una situación difícil. Como se trataba de la policía local de mi ciudad, me fui a hablar con el jefe y les ofrecí un taller de afrontamiento de situaciones difíciles. De esta manera podrán adquirir habilidades para evitar confrontamientos que no llevan más que a la frustración.
Sabio este chico. A mi me ha enseñado mucho. Por eso lo considero un maestro. Gracias, Alberto, ¡a ver si consigo ver las cosas algún día como tu las ves!
(Imagen extraída de “Consultoría Interactiva“).

Las confesiones del Dr. Gavilán: mis maestros


Los blogs se iniciaron con la idea de ser una especie de diarios personales compartidos. Nacen, pues, con la idea de salir fuera, de expandirse, de confesarse frente al mundo.

Luego han ido deviniendo en multitud de categorías diferentes, más allá de la necesidad pura de contar cosas propias y de compartir lo mejor y lo peor de uno mismo.

Voy a retomar ese espíritu, por lo que a mi respecta, ¡hombre!

Inicio una serie de post de perfil personal (hablando técnicamente). Me mostraré tal como soy, para bien o para mal.

Y para titular la serie, tomaré prestado el título de una de mis pelis sobre médicos favorita: Las confesiones del Dr. Sachs. Ahí va la, quizá, mejor escena de la película. Cruda, áspera, pero viva. Una escena de la amada y odiada práctica del médico de familia en un medio rural.

Las confesiones del doctor sachs (1999)
Cargado por ZedkaLunatica

Espero colgar en esta serie confesiones como las del Dr Sachs en su audiograbadora…

Comienzo con mis maestr@s. Las personas que han marcado, de una manera u otra, mi vida como médico. Personas que me han perfilado y de las que he aprendido. Personas que me han motivado a seguir. O que, simplemente, me han criticado, reprobado o agitado. En cualquier caso, de todos ell@s y de much@s más (la memoria es selectiva y limitada) tengo algún trozo. Porque una persona está hecha de trozos de retales de otras personas que va encontrando en su camino.

Sus nombres son: Fer Olivero, Laura Jiménez de Gracia, Roger Ruiz, Carmina Poblet, Luis Pérula, Benjamín Pérez-Franco, Nieves Parias, Vicente Baos, Gloria Ysern, Luis Aguilera, Cesáreo García, Juan Gérvas, Asensio López, Verónica Casado, Julio Bonis, Galo Sánchez, Roger Vinyeta, Antonio Yun, Pepe Saura, Barbara Starfield, Tiago Villanueva, Juanjo Martínez de la Iglesia, Luis Palomo, José Ramón Vázquez, Pere Domingo, Antonio Villafaina, Ron Epstein, Rogelio Altisent, Alberto Pardos, Belén Sánchez, Emilio del Campo, Ana Sobrino, Joao Sequeiro Carlos, Jordi Jové, Rafa Cofiño y Jose Garzón.

A todos los que están y los que faltan, gracias y besos.