Participación


Hace ya tiempo que tuve que renunciar a leer un libro de corrido. A lo máximo que puedo a aspirar, al menos por ahora, es a leer a chispazos. Abrir un libro por una página cualquiera, y dedicar 5, diez minutos, como mucho.

En una de estas lecturas relámpago, de éste libro, pude leer el siguiente pasaje:

Aronson describe la interacción en el aula que tuvo ocasión de observar entre una profesora y sus estudiantes a lo largo de varias semanas. La llamó la atención el que los alumnos reaccionasen de forma diametralmente opuesta a las preguntas que la profesora planteaba a toda la clase. Un grupo reducido de estudiantes (entre seis y diez) levantaban siempre la mano mostrando su deseo de responder a las preguntas. Frente a ésto, muchos alumnos hacían exactamente lo contrario: desviaban la mirada, como si quisieran hacerse invisibles, como si tratasen de refugiarse en la evitación del contacto visual con la profesora para conjurar el peligro de tener que responder ante toda la clase.

Subraya el autor que la profesora iniciaba el curso con la firme decisión de tratar a todos los estudiantes por igual y de alentarle a todos a dar lo mejor de sí mismos. Sin embargo, el procedimiento de lanzar preguntas a toda la clase consigue, indirectamente, que los propios estudiantes se autoasignen a grupos diferentes. El grupo de los entusiastas, el de los estudiantes siempre deseosos de contestar a las preguntas de la profesora y activos participantes en la marcha de la clase, que se caracteriza por sus buenas notas en los exámenes, es muy gratificante para la profesora. Ésta corresponde a su esfuerzo con alabanzas y palabras de aliento, consciente de que depende de ellos mantener el buen ritmo de la clase.

A los alumnos que no destacan precisamente por su entusiasmo a la hora de contestar a las preguntas de la profesora les aguarda un futuro muy diferente. Al comienzo del curso, la profesora les intentó involucrar en la marcha de la clase, por tras verse frustrada una y otra vez por su falta de participación, tomó la decisión de ignorarles. La profesora se autojustificaba pensando que, de esta forma, respetaba su negativa a participar y no les exponía al ridículo delante del resto de los estudiantes. Tal vez no era consciente de que, al mismo tiempo, acrecentaba todavía más la diferencia entre estos dos grupos de estudiantes.

Inmediatamente me he acordado de mí mismo, porque de alguna forma yo también, cuando actúo como docente, hago lo mismo, sin darme cuenta, que esta profesora.

Y también me he acordado de las tecnologías e-Health o de Medicina 2.0, al las que se le suponen una serie de atributos teóricos entre los que está la participación y la colaboración.

Al igual que a la profesora del pasaje del libro, a la e-medicina le puede estar pasando algo similar. Suponer, sobreentender. Equivocarse, en definitiva, con el agravante del engaño a sí mismo (y a los demás). Los atributos teóricos de la Salud 2.0 han de ser demostrados. Y por ahora, mucho ruído pero pocas nueces.

[Foto: Asamblea al Sol (18M), por Javi S&M]


One Comment on “Participación”

  1. […] habla Enrique Gavilán en su nido de participación. Partiendo del ejemplo de las aulas de los centros escolares y trasladando dicho ejemplo a otros […]


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