Miedo de todo corazón


El anuncio de padecer una enfermedad potencialmente seria como pueda ser la diabetes suele ser motivo de disgusto para el paciente y su familia, hasta tal punto de ser considerado un acontecimiento vital estresante. Sin embargo, los pacientes suelen adaptarse y sobrellevar el problema, algunos con mejor fortuna, otros con peor fario.

No ocurre lo mismo, como vimos hace unas pocas semanas, cuando a uno le cae la etiqueta de “preenfermo“. Al no sentir enfermedad -por no estar ésta aún presente- ni se suele cambiar los hábitos de vida ni se concibe psicológicamente como un estado anormal. Para la mayoría de las personas, a pesar de estar en el preámbulo de la enfermedad, la vida sigue, sin más. Pero eso puede (y probablemente) vaya a cambiar en pocos años…

¿Qué pasa si uno se conoce portador de un factor de riesgo, como la hipercolesterolemia?

En una de mis últimas guardias, un chico joven vino a la una de la madrugada porque llevaba 4 días notándose los latidos del corazón. Decía tener miedo porque el colesterol le bloqueara el corazón.

Lo que en determinados círculos puede pasar por una anécdota más o menos chistosa en realidad no resulta nada de gracioso. No ya por el hecho de que te levanten de la cama por algo sin importancia cuando estás a punto de conciliar el sueño: cuando uno está de guardia está para lo que haya, y el paciente a priori no sabe qué le pasa y doy por hecho de que nadie va por gusto de madrugada al médico. Lo clave de este tema es el miedo. Miedo emanado de elevar a la categoría de enfermedad, temida y amenazante, lo que en realidad es un simple factor de riesgo.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Fácil. Años y años machacando con anuncios como éste, en el que nos quieren hacer ver que quien no se controla el colesterol termina precozmente con los pies por delante, han terminado quedándose grabado a fuego y sangre en el imaginario preventivista colectivo. De esta manera, no son raras las consultas en las que un paciente dice haber tenido un “ataque de colesterol”, o achacar el dolor de cabeza a “una subida de colesterol”.

Pero dado el bombardeo de noticias y de datos sobre los “estadíos 0 de enfermedades” como la diabetes y la hipertensión, ante los cuales hay que estar permanentemente en estado de ALERTA!, acoso al que se entregan apasionadamente no sólo periódicos sino también ilustres investigadores, no me extrañaría que pronto comiencen a invadir las consultas personas preocupadas que se han monitorizado su tensión arterial constatando unas cifras prealtas de 123/84 o de glucemias de 116, que serán las responsables sublimadoras de los sinsabores de una vida donde el miedo a vivir nos impedirá disfrutar de ser sanos.

Las víctimas de la hipermedicalización y de la pornoprevención se cuentan por millones en todo el mundo. Es terrorífico ver hasta qué punto el estado del miedo, interesadamente instaurado por unos y otros, está imponiendo su dictadural doctrina higuienista en casi todos los ámbitos de la vida (y de la muerte).


3 comentarios on “Miedo de todo corazón”

  1. Fernando Casado Campolongo dice:

    ¿y que me dices del anuncio del Danacol, con Induráin con cara de haber sido deshauciado diciendo: “en un analisis me salió alto el colesterol”. Eso si que es nocivo para la salud, al menos debería ser prohibido en horario infantil, es pornoprevencion de la dura xxx.
    Feliz día compañero

    Fer Casado

  2. PedroLuusGS dice:

    No puedo ester mas de acuerdo. Frente a esta pornoprevencion aplaudida y promocionada por toda la industria medico-sanitaria, esta la promoción de estar sano.
    Pero los medicos no saben o no quieren teansmitir la diferencia entre no ester enfermo y estar sano. Ente la buena vida y la vida mejor. Al sistema le conviene un ejercito de no enfermos temerosos de caer enfermos y batallones de MEDICOS dispuestos a diagnosticar y tratar, menos a curar.

    • Enrique Gavilán dice:

      Pedro,
      Con la cantidad de trabajo que un médico debería hacer y no hace… Como cuidar y acompañar a los pacientes que habitualmente no demandan asistencia sanitaria y que están inmovilizados, que no se pasean por las redes ni tienen recursos para tener seguros privados o residencias de lujo. Pero siempre es más fácil darle a la calculadora del SCORE o a la del FRAX, dedicarnos a medir colesteroles por doquier o recetar fármacos preventivos. Todo sea por mantener la fantasía de que podemos burlar la muerte o el sufrimiento.
      Hay que reorientar los objetivos de la asistencia sanitaria. Ya que curar no curarmos, y de tanto prevenir estamos amargando a la gente y provocándoles iatrogenia, deberíamos acompañar más, paliar el sufrimiento de los que sufren y a los que puedan valerse por sí mismos apoyar sus autocuidados. Por ejemplo…
      Un abrazo


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