Ética intervencionista


Decía Ivan Illich (1) en un discurso ante estudiantes de medicina en una universidad estadounidense en 1987 que hablar de “ética médica” podía considerarse un oxímoron. Lúcidamente, hacía un diagnóstico de los derroteros preventivistas de la medicina: la medicina ya no estaba interesada en el sufrimiento de la persona enferma, sino que el objeto de sus cuidados es ahora algo llamado “la vida humana”. Y que este abandono de la esencia del trabajo profesional médico ha conducido a ocasionar, en vez de evitar, muchos problemas y sufrimientos.

Hace unas semanas, revisando los trabajos publicados sobre el uso del yodo en el embarazo, leí este interesante artículo editorial. Comentaba su autora, Elizabeth N. Pearce, los resultados de un estudio realizado en nuestro país, en el que querían comprobar si el uso del yodo en el embarazo conducía a mejoras en la función cognitiva de los niños en su desarrollo. Lo lógico desde el punto de vista metodológico hubiese sido haber llevado a cabo un estudio experimental, un ensayo clínico, aleatorizado y comparado, a ser posible, con placebo, y a ser posible con un diseño doble ciego. Sin embargo, el comité ético de investigación clínico local rechazó la idea, según nos cuentan los autores del estudio: “the Ethics Committee of Carlos Haya University Hospital did not authorize the inclusion of a control group without treatment”.

La Dra. Pierce, sagazmente, se pregunta: ¿fue la decisión del comité ético acertada? La zona de estudio no presenta problemas de déficit grave de yodo. Existen evidencias de que sólo en estas áreas la administración de yodo en el embarazo disminuye el riesgo de problemas de salud en el niño (cretinismo, mortalidad, desarrollo cognitivo), siendo estos resultados no estudiados o no alcanzados en zonas geográficas con déficit leves-moderados. Y también existen indicios claros de que el yodo puede producir problemas en la mujer embarazada.

Si de lo que se supone que debe velar un comité ético de investigación clínica es, entre otras cosas, de la seguridad de los pacientes y de evitar problemas derivados de las intervenciones clínicas a estudio, ¿qué motiva entonces la decisión intervencionista del comité? ¿Ahora resulta que lo ético es intervenir, aunque no haya evidencia claras a su favor, en vez de no intervenir? ¿Dónde quedaron el primum non nocere y el principio de no maleficiencia?

(1) ILLICH, I. (2008). Ética médica: Un llamado a desmontar la bioética. En Illich, I. Obras reunidas II (pp. 622). México: Fondo de Cultura Económica.

NOTA: el firmante de esta entrada ha sido miembro del Comité Ética de Investigación Clínica (CEIC) de Cáceres y actualmente lo es del CEIC Autonómico de Extremadura.


One Comment on “Ética intervencionista”

  1. EnriqueG dice:

    Lejos, muy lejos quedó el Primun non nocere, Enrique.
    Formé parte de un CEIC varios años y a veces me resultó muy complejo hacer entender a mis compañeros que una mejora de la supervivencia de 2 semanas en un paciente oncológico no valía la cantidad de pruebas complementarias, traslados en ambulancia para realizarlas, efectos secundarios de la medicación añadida, etc, etc, etc… que debería realizarse según protocolo.


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