Perlas de conocimiento


Malcolm Shepherd Knowles es considerado uno de los padres de lo que se conoce como “aprendizaje de adultos”, idea que rompió en añicos el esquema tradicional de aprendizaje basado en la transmisión vertical de conocimientos (el que todos hemos sufrido en la enseñanza secundaria y de grado). Se comenzaba a hablar del poder de lo informal frente a lo académico, del rol facilitador del tutor alejado del poder superior del profesor, del aprendizaje autodirigido en oposición al modelo de aulas masificadas. El mundo laboral manda y marca las necesidades y los tiempos de formación: todos sabemos que el Harrison no nos resuelve cómo tratar la diabetes de María o cómo afrontar los problemas por los que Juan viene un día sí y otro no a la consulta. Un médico adulto no necesita libros de texto ni manuales porque ni le dan respuesta a todos los problemas ni tiene tiempo de “repasarlos”.

Ahora bien. Para poder autogestionarse la propia formación hace falta seguir un cierto método (aunque para que tenga más garantías de éxito debe ser algo que se haga de forma intuitiva y no estructurada). Pero además, necesariamente hay que disponer de recursos adaptados a este modelo. Hasta hace bien poco, era el propio profesional el que buscaba, incansablemente, de una forma casi esteparia y en sufrida soledad, los ingredientes y aplicaba su propia receta para cocinar su plato de lentejas y así no tener que pagar un alto precio por cocina precocinada sosa y nutricionalmente poco inútil.

Una nueva e interesanta idea que podría entroncar precisamente en todo esto del aprendizaje de adultos es el de knoles (contracción de units of knowledge y que podemos traducir como unidades de conocimiento). Pequeñas “perlas” de información, breves, concretas y bien delimitadas. Al grano. Y de calidad.

¿Cómo (entiendo yo que se podrían) ligar ambos conceptos? Olvidémonos de que Knol es un proyecto de google y que presenta muchas dudas. Centrémonos en el concepto de “unidad de conocimiento”. Parto de la práctica clínica. Doña Engracia me plantea, sin ella saberlo, un reto clínico: saber si ante una clínica insidiosa de astenia, aumento de peso, fragilidad de uñas y sequedad de piel, tengo que pedir de entrada una ecografía tiroidea aún en ausencia de bocio. Probablemente, si no sé en ese momento qué hacer, no puedo resolver la duda sobre la marcha y tengo que posponer la decisión para el día siguiente. Pero al llegar a casa tengo que ponerme las pilas y buscar la solución. Probablemente, después de mucho buscar, encontraría la solución. Para algo sirven las habilidades de búsqueda de respuestas clínicas. Y para algo pueden servir las “llamadas tecnologías de la información”. Si ya no nos bastaba con la “web 2.0” ahora tendremos en breve la 3.0.

Trago saliva y ya acabo. En teoría la “web 3.0” se caracterizará por, entre otras cosas, permitirte construir tus propios accesos y fuentes de información. Personalizar la web, dicen los expertos. Maximizar la búsqueda de la respuesta (Utilidad = Relevancia * Validez / Esfuerzo). Poder acceder preferentemente a conocimiento filtrado y de las fuentes más válidas y fiables. Y, de paso, que dicha información se presente en forma de unidades procedentes de bancos de knoles de calidad que se adapten a lo que voy buscando.

¿Ciencia ficción? El tiempo dirá.

Lo curioso de todo esto es que comenzamos con Knowles y acabamos con Knoles. ¿Será casualidad?



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