Salud pública en el siglo XXI


Un simple gesto como es lavarse la cara a dos manos llenas de agua potable y fresca es algo tan cotidiano que nos parece un derecho irrenunciable. Uno piensa que no disponer de agua corriente potable en las casas es algo imposible en un país desarrollado como el nuestro. Se espera que ésto sólo ocurra en países con problemas estructurales, como los del África subsahariana, o coyunturales, como ahora Pakistán tras las inundaciones.

¿Cómo se les quedaría el cuerpo si les digo que en una pedanía de Badajoz por los grifos de los hogares no corría agua potable hasta esta misma semana?

¿Quién, a estas alturas, piensa que ésto no es un problema de derechos fundamentales? ¿O de salud pública? ¿Quién cree que en nuestro país no existen las desigualdades, o que éstas no generan graves problemas? ¿Invertimos en AVEs por aquí y aeropuertos por allá o atendemos a las necesidades básicas de la población? ¿Importa más el ciudadano de clase media de una ciudad que el agricultor de una pedanía perdida entre los campos de Badajoz?



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