¿Un ejemplo de relaciones éticas con la industria?


Para que no vayan por ahí diciendo que sólo hablo mal de la industria farmacéutica.

Pondré un ejemplo, que viví en primera persona, de una actividad organizada por un laboratorio farmacéutico (en este caso, la fundación del laboratorio) que se sale de lo habitual y que, a mi modo de ver, puede marcar una línea interesante de colaboración entre los laboratorios y el mundo sanitario. ¿Por qué motivos? Iré al grano:

  • Había cuota de inscripción: 100 € (por un curso de 15 h). De gratis nada.
  • El laboratorio no se hacía cargo del desplazamiento. Tampoco del alojamiento. Ambos a cargo de cada cual.
  • El curso tuvo lugar en un aula de una universidad pública (la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela).
  • Las dos comidas de trabajo se hicieron en el comedor universitario, ambas incluidas en el precio. Era el menú del día.
  • El contenido del curso no tenía ni de lejos relación con la terapéutica. Era de un tipo de metodología docente (el Aprendizaje Basado en Problemas).
  • No había ni una sola referencia a fármacos en el curso. Ni un solo delegado de ventas. Tan sólo dos técnicos de la fundación y el propio director de la misma, que no participaron más que como apoyo del curso y no interfirieron en un sólo momento ni trataron de establecer vínculos con los discentes más allá de la mera y necesaria cortesía entre personas.
  • Los profesores no son profesionales en nómina de la fundación. Trabajan en universidades públicas españolas. No tenían conflictos de interés, aunque como es lógico, cobraban de la fundación por dar el curso…

Lo único que me recordó al marketing fue el video de 5 minutos que nos hicieron ver tras la inauguración, donde se hacía gala de la cantidad de actividades que lleva a cabo la fundación. Algo que, por otra parte, también hizo de viva voz el decano en la propia presentación: vender lo bueno que son en la universidad. Nada nuevo, pues.

(Por supuesto, también hago mi propia declaración de potenciales conflictos de interés. Nunca he recibido subvenciones ni pagos ni remuneraciones por servicios de esta fundación, ni tengo intereses comerciales ni financieros o especulativos con ella. Una vez anteriormente asistí a otro curso de la misma fundación, siendo entonces mi asistencia subvencionada por la Escuela de Estudios de Ciencias de la Salud, entidad dependiente de la Consejería de Sanidad de Extremadura.)

Me sorprendió tanto, que le di la enhorabuena al director de la fundación. No estamos acostumbrados a estas cosas…

Pero lo mismo a Farmacriticxs no le gusta la idea. O a “No gracias“. Ambas defienden en su webs “unas relaciones éticas y transparentes con la industria farmacéutica”. Ésta podría ser una manera. O a los que comen de la industria farmacéutica. No sé. En los últimos meses me han llegado a decir de todo: desde lameculos de los laboratorios a enemigo de la industria. Incluso me han reñido públicamente por “mofarme” de ella. Mientras, yo sigo siendo el mismo, y seguiré hablando de estas cosas. Gracias a todos vosotros, claro.

Post dedicado a @evavelasco.


4 comentarios on “¿Un ejemplo de relaciones éticas con la industria?”

  1. gerineldo dice:

    Sigue siendo el mismo y no cambies. Sólo falta que venga alguien y te diga lo que tienes que hacer. Imagino que ya eres mayorcito y estoy seguro que decidirás con buen criterio. Así que todo lo que hagas o digas (a veces hay que contar hasta 10 y reflexionar primero), estará bien hecho.

  2. Juan Fernando dice:

    Sigo observando la confusión en la que recurre constantemente. Identifica usted propaganda y marketing como si éstos fueran lo mismo y no uno parte del otro. Cuando habla usted de Marketing obvia el análisis interno y externo, la investigación comercial, el análisis estratégico, los ojbetivos de la compañía, los planes de producto, precio, distribución y comercialización así como los de RRHH, jurídico, comunicación y el plan económico financiero. Estoy seguro que entiende la diferencia y que sabrá diferenciar propaganda de marketing en sucesivos artículos, por otro lado, bastante interesantes y que sigo con atención.

    Saludos

  3. Enrique Gavilán dice:

    Juan Fernando,
    Déjeme responderle con una anécdota. El psicólogo de mi instituto organizó unos seminarios de orientación profesional. Mis padres tenían una cadena familiar de supermercados, y se mostraron muy expectantes cuando les dije que el próximo era sobre marketing, que pronto se convirtió en decepción al ver mi percepción del seminario: “papá, no me gusta, porque lo que persige el marketing es que compres, lo que sea, a costa de lo que sea”. “Pues hijo, de eso mismo se trata, ¿es que no lo entiendes?”.
    Sigo pensando lo mismo del marketing, pero con el tiempo, sin embargo, me he percatado de la influencia que potencialmente puede tener una buena estrategia de marketing sobre la salud, tanto si se orienta a vender medicamentos como si se hace con la intención de promover hábitos saludables. Y por eso es un área que me interesa. Pero no tengo estudios formales al respecto, le soy franco, y de ahí que cometa “patadas a la lógica” como las que usted ilustra. Intuyo los conceptos y procesos del marketing, que no están tan lejanos al diseño de planes estratégicos, leo de aquí y allí, escucho a quien tiene algo interesante que decir… pero no me dedico profesionalmente a ello. Me interesa en cuanto a lo que ésta influye en la salud, pero no más allá. De ahí que confunda, a veces, los conceptos. No tengo ningún reparo en reconocerlo.
    Gracias por su amable comentario.

  4. Nikita dice:

    Respecto al debate del marketing y la propaganda, me gustaría ir más allá de la cuestión y poner en la mesa, si encaja en el sector farmacéutico todo el mundillo de pichigüilis made in Este, producto estrella del departamento de Marketing. No estamos hablando de empresas que venden mercancías o bienes cualesquiera, sino de remedios para curar y/o mejorar la salud de los pacientes. Por otro lado, son productos que paga el estado y/o los ciudadanos a través de la prescripción de médicos, en su mayoría funcionarios.

    Partiendo de estas premisas, si bien reconozco que el departamento de marketing se encarga de muchas más funciones que la pura publicidad a través del reclamo, el objetivo de los presupuestos de inversión de este departamento tienen como único objetivo, que poco tiene que ver con la salud de los pacientes, incrementar los beneficios de la empresas. Muchos piensan acertadamente que los laboratorios farmacéuticos no son ONG’s, y así es, por ello no hablan de “donar” en beneficio de los médicos /pacientes dádivas en forma de cursos de formación, talleres… sino que hablan de “invertir” con el objetivo de que esta inversión retorne a través de prescripciones. Me da igual que sean bolis, cursos, comidas, que estén o no estén en el código ético… todo va encaminado a vender el uso de incrementar la cuota de mercado y la cuenta de resultados, y no todo vale. No es ético ni legal utilizar métodos de venta que podrían encuadrarse en cohecho (regalos de toda índole a cambio de recetas), pero tampoco utilizar sesgadamente información con la intención de confundir o manipular la información que debe llegar con transparencia y rigor al profesional sanitario ¿Cómo se controla esto? ¿Por qué no cumplen estándares de calidad como en otro tipo de sectores…?

    Dejo en el aire estas preguntas a los grandes profesionales que frecuentan este espacio cibernético.


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