Lo prioritario no es siempre lo importante.


Ya lo dijimos antes. Una cosa es lo prioritario y otra lo importante…
Hablamos de docencia, hablamos de formación sanitaria especializada.
Hace año y medio que se aprobó a nivel nacional un decreto, el 183/2008, el mal llamado “decreto formativo MIR”. En este, además de regular aspectos que el anterior, el “decreto laboral de los residentes” dejó en el aire (como el siempre controvertido tema de la “adquisición progresiva de responsabilidades” y el “derecho de supervisión” de la actividad asistencial de los residentes), se venía a normalizar cuestiones vitales para la formación sanitaria especializada. Entre ellas la nueva configuración del sistema docente especializado, la creación de las Unidades Docente Multidisciplinares (en la que medicina de familia comería de la misma mano que la aún no desarrollada especialidad de enfermería familiar y comunitaria), la sustitución de la comisión asesora por las comisiones de docencia de MFyC, y, sobre todo, el sistema de reconocimiento de la labor de los tutores.
Esto último es algo que ha sido impunemente obviado y olvidado en este sistema sanitario. Porque el tutor es el ser y no ser de la formación. Por justicia histórica. Porque se lo merecen. Porque necesitan este revulsivo para seguir sintiendo que su labor la entiende alguien, la valora alguien, sirve, en definitiva, para algo.
Pues bien. Los coordinadores (ahora jefes de estudio) de las Unidades Docentes (ahora Comisiones de Docencia) de MFyC y los técnicos (de salud?, docentes?, ni nosotros lo sabemos), ingenuos, corrimos a leernos con furor este decreto, analizándolo con lupa, juntándonos y creando grupos de trabajo para elaborar propuestas. Mientras tanto, en nuestra autonomía se nos concedieron espacios para portar ideas: unas jornadas (donde expuse la presentación que os adjunto abajo) y un par de reuniones de grupos de trabajo. En nuestras comisiones asesoras comunicamos con alegría la buena nueva a los tutores y a los residentes. En estas cosas volcamos ilusión y esperanzas…
Pero en esta España nuestra de los reinos de taifas, un decreto aprobado a nivel estatal no dice nada si no se acompaña de su correspondiente decreto autonómico. Estos 17 decretos autonómicos debían haber estado aprobados para febrero de este año, un año después de la aprobación del estatal. Este periodo máximo ha pasado. El tiempo ha pasado. De hecho, van pasado los meses y ni una sola comunidad autónoma lo ha aprobado, y aún faltan muchos meses para que lo hagan. Ninguna tiene prisa por hacerlo. ¿Motivos? ¿La crisis económica? ¿La gripe A? ¿La falta de ideas? ¿Negligencia? ¿No estamos ante una prioridad? O vete tu a saber. Porque nadie sabe aún porqué. No han tenido ni la decencia de explicarlo. Mientras tanto, aquí seguimos, todo sigue igual. Y lo peor: nadie garantiza que ni con decreto ni sin decreto la cosa vaya a mejorar.

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