Investigación en Atención Primaria: ¿callejones o avenidas?


Dos acontecimientos aparentemente nimios me han hecho reflexionar sobre lo que es y lo que podría ser la investigación en Atención Primaria en nuestro país.
Por un lado: hace poco estuve en una reunión de trabajo para desarrollar una de las líneas estratégicas del Servicio Extremeño de Salud concerniente a la I+D+i. Salió la archinombrada cuestión de la falta de “cultura” investigadora, y la no menos manida expresión de la “necesidad de fomentar la investigación en AP”.
Coincidentemente con esto, he tenido la oportunidad de trasladar en público y en privado a mi apreciado amigo Jose María Vergeles, director general de gestión del conocimiento de la comunidad donde trabajo, y uno de mis jefes, algunas visiones personales sobre el tema.
¿Cómo podemos investigar desde AP? Por un lado, podríamos pensar que es deseable que participemos en los grandes ensayos clínicos de los fármacos que poco a poco se incorporan al “arsenal terapéutico” (¡qué poquito me gusta esta expresión bélica!), ya que es en condiciones reales de uso donde deben experimentarse, y no sólo en clínicas especializadas o en grandes hospitales. Y, sobre todo, si estos ensayos clínicos son promovidos de forma independiente, y no por intereses de la industria farmacéutica. Otra forma es crear grupos de investigación, y concursar a ayudas del FIS, y publicar, ir a congresos, etc.
Para todo esto, es necesario dar pasos desde la administración, como me recuerda Jose María, que calen poco a poco y sin hacer mucho ruido terminen dando sus frutos a medio-largo plazo: modificar leyes, agilizar trámites burocráticos, crear infraestructuras de fomento y de control ético, no dejar de dar formación, procurar incentivación con tiempo y puntos para la carrera o procesos selectivos, etc. Imprescindible, sin duda.
Pero yo me pregunto si es eso a todo lo que podemos aspirar cuando hablamos de investigación en AP. Hay muchos compañeros que no se sienten atraidos por este tipo de investigación “de alto nivel”, por el motivo que sea. Hasta cierto punto es lógico. Sin embargo, de lo que no podemos abstraernos es de la investigación entendida como la búsqueda de respuestas ante los retos y problemas del día a día: ver el efecto que puede tener gestionar la demanda de una consulta, indagar lo que esconde una expectativa no expresada, analizar porqué hiperfrecuenta Juana o cómo un tutor puede hacer que un residente desmotivado pueda tomar las riendas de su propia formación. Para esto no hay excusa: investigar también es ésto.
Y ésto, ni las leyes, ni los protocolos, ni los cursos, ni las fundaciones, ni tan siquiera las medidas para incentivar conseguirán ni propiciarlo ni cambiarlo.

Una estupenda cita que ilustra bastante bien lo que quiero decir es la siguiente:
La investigación es el proceso de entrar en los callejones para ver si tienen salida. Ley de Bates sobre la investigación. Arthur Bloch. La ley de Murphy para médicos. Madrid Temas de hoy, 2000.
Cuando leí esto me acordé de Córdoba y sus callejones de la judería. Estando por Córdoba puedes pasear por el maravilloso Bulevar del Gran Capitán, pero también puedes perderte por la judería y encontrar fantásticos rincones (como la calleja del pañuelo) a los cuales no llegarías si no te entrara la curiosidad de ver a dónde te lleva…

Ahora, como investigador, me quedo con John Coltrane:

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