El imperio de la opinión Vs la jerarquía del argumento


Las noches de verano, tibias y largas, dan, cuando se puede, para conversar y reflexionar en voz alta. Reencontrarse en esas circunstancias a un amigo del alma después de muchos, demasiados, meses, más aún.
Entre copa y copa, el punto álgido de la conversación llegó cuando criticábamos el exceso de crédito que se concede actualmente a la opinión, que como tal llega antes que la reflexión y por tanto parece estar ganando la carrera en cuanto a que es más veloz. De ahí que estemos viviendo una edad de oro de la opinión, y la época de vacas flacas para el argumento.
Pero, claro, no todas las opiniones son válidas. No lo son porque no provienen, generalmente, de un proceso cognitivo de reflexión, ni se contrasta con las experiencias previas, sino que son un acto casi reflejo: la opinión se vomita. No tarda nada en salir de nuestra cabeza después de haber sentido la necesidad de hacerlo como consecuencia de alguna percepción sensorial. Así, utilizamos la palabra “opinión”, en contra incluso de la acepción que recoje la RAE:
Dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable.
Puesto que un “juicio” sólo se puede hacer tras analizar pruebas y antecedentes (a no ser que sea sumarísimo), lo cual lleva su tiempo, una vez más, el pueblo calla la boca con lo cotidiano a los eruditos que ocupan sillones con letras…
Otra cosa distinta es el concepto de “argumento”. La RAE aquí no falla: lo cataloga como un
Razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición.
Tampoco todos los argumentos son válidos, pero suelen ser más certeros si el camino del razonamiento o de le reflexión que las conducen se dirigen al sitio adecuado… (Imprescindible un buen tutor, pues, que guíe a la rama emergente a que se mantenga erguida).
La validez es más fácil ser alcanzada con un buen argumento; el opinador que no falla, o tiene información privilegiada o es en sí él todo un privilegiado…
En los últimos años proliferan los foros y espacios que buscan interactividad, aprovechando el auge de las nuevas tecnologías. Que si “mande un sms con la palabra noria+opinión al 5555”, o “comenta esta noticia”, o “deja tu comentario a este post”. La cultura de la inmediatez predominante nos incita a leer o ver a tiempo real lo que está ocurriendo en la otra punta del planeta, y sobre la marcha lanzar nuestra primera impresión. Y algunos incluso nos quieren hacer ver que estos mecanismos fomentan la democracia… Desde luego, pocas palabras tan pervertidas hay en el diccionario como la palabra democracia (puede que sólo la palabra paz y libertad la superen).
Pero, como todo, estas posibilidades de interacción que nos permiten las tecnologías de la comunicación no son en sí un fin, sino un medio, en este caso de expresión. La cuestión es cómo utilizarlo: para opinar o para argumentar. Algunas veces deberíamos aprender no ya a poner en marcha al maravillosa técnica de contar hasta 10 antes de hablar, sino el darle vueltas y vueltas a la idea en nuestro interior, incluso durante días o semanas si hiciera falta, antes de expresarla.
¿Mantendríamos la paciencia hasta alcanzar la madurez de lo pensado?
PD: ahora que lo pienso, porqué y cuándo y quién acuñaría la expresión “segunda opinión médica”.
(Imagen extraída del blog “Dividiendo entre cero“)
Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s