Fundación de la anestesia


El carnaval de Venecia duraba cuatro meses, cuando duraba poco.

De todas partes venían saltimbanquis, músicos, teatreros, titiriteros, putas, magos, adivinos y mercaderes que ofrecían el filtro del amor, la pócima de la fortuna y el elixir de la larga vida.

Y de todas partes venían los sacamuelas y los sufrientes de la boca que santa Apolonia no había podido curar. Ellos llegaban en un grito hasta los portales de San Marcos, donde los sacamuelas esperaban, tenaza en mano, acompañados por sus anestesistas.

Los anestasistas no dormían a los pacientes: los divertían. No les daban adormidera, ni mandrágora, ni opio; les daben chistes y piruetas. Y tan milagrosas eran sus gracias, que el dolor se olvidaba de doler.

Los anestesistas eran monos y enanos, vestidos de carnaval.

Eduardo Galeano. Espejos. Una historia casi universal. 2008; Madrid. Siglo XXI.
Grabado de la Suite Los Saltimbanquis, de Picasso.
Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s