Las declaraciones honestas de conflictos de intereses en la elaboración de las guías clínicas brillan por su ausencia


Galo Sánchez, ex-subdirector de Gestión Farmacéutica del SES y actual director de la Oficina de Información del Medicamento de Extremadura, suele mandar cosas interesantes por e-mail. Tantas, que a veces no da tiempo a leerlas como se merecen.

Últimamente el tema estrella es el de los conflictos de interés de las guías clínicas. Revisando el tema, nos manda un resumen traducido por él mismo y comentado y contrastado con datos reales de nuestra comunidad.

En este fenómeno, como en otros muchos, se puede cumplir la ley del iceberg: sólo vemos la punta. En cuanto rascas un poco salen datos y cifras y conclusiones como los de este estudio.

¿La solución?: Honestidad y transparencia. La ciencia y la investigación en el siglo 21 no merecen carecer de estos principios tan básicos.

(Diagrama de la teoría psíquica de Freud, extraída de Wikipedia)

Cosgrove L et al. Conflicts of Interest and Disclosure in the American Psychiatric Association’s Clinical Practice Guidelines. Psychother Psychosom 2009;78:228–232.

DISEÑO: Estudio transversal descriptivo.

OBJETIVO: Investigar la posible asociación entre: a) las relaciones financieras con la industria farmacéutica de Expertos Elaboradores de Guías de Práctica Clínica (GPC); y b) los medicamentos que recomiendan de esas industrias.

MATERIAL Y MÉTODOS.
Se autores se centran en 3 GPC (esquizofrenia, depresión mayor, trastorno bipolar) y en los 20 miembros de la American Psyquiatric Association (APA) que formaron parte de los tres grupos de expertos elaboradores.
Extraen a los 20 miembros e investigan, en los 5 años previos a la publicación de las GPC, la vinculación (cuando es clara) con las industrias farmacéuticas, mediante una búsqueda en las bases de datos de Medline, Lexis-Nexis academia y en las patentes pendientes o concedidas en la Oficina de Patentes y Marcas de USA (para determinar si los autores tienen alguna propiedad intelectual en medicamentos o dispositivos médicos cuyas ventas pudieran verse afectadas por las recomendaciones de sus GPC). El mismo motor de búsqueda sirvió para buscar otras declaraciones fiables de vinculación de los autores, como conferencias revisadas por pares.
Las categorías de vinculación consideradas y codificadas por los investigadores fueron las siguientes: honorarios; participación en el capital de las industrias farmacéuticas, principal en el arranque de una compañía; miembro del comité científico asesor o de los divulgadores de medicamentos de las compañías; perito para defender en los litigios a la compañía; patentes o derechos de autor; consultoría; colaborador en un estudio financiado por la industria; regalos de las compañías farmacéuticas incluyendo viajes, financiaciones, contratos y materiales de investigación. La identificación, codificación y asignación fue hecha por tres investigadores independientemente y los desacuerdos fueron resueltos por un cuarto investigador, el cual, además, hizo una auditoría aleatoria para verificar la corrección de los códigos en los que hubo acuerdo.

RESULTADOS:
1º Analizando los 20 autores.
1) 18 de los 20 autores (90%) de las 3 GPC, tenían 1 o más vinculaciones financieras, ninguna de las cuales fueron declaradas en las GPC.
2) Estratificando las 3 GPC, las relaciones financieras de sus miembros fueron: a) 100% de los autores de la “GPC para esquizofrenia”; b) 100% de los autores de la “GPC para trastorno bipolar”; y c) 60% de los autores de la “GPC de depresión mayor”.
2º Analizando a los 18 autores vinculados financieramente con la industria.
1) Por códigos de vinculación, se distribuyeron así: a) 14 (77,7%) eran consultores; b) 8 (44,4%) estaban en empresas o en los comités asesores de las compañías; c) 7 (38,8%) había recibido honorarios; d) 6 (33,3%) fue divulgador de medicamentos de las compañías, e) 3 (16,6%) tenía patrimonio en una de las industrias cuyos medicamentos estaban recomendados en la GPC.
2) Por número de vinculaciones, se distribuyeron así: a) 16 (88,8%) tenían más de una; b) 12 (66,6%) tenían 3 o más; y c) 10 (55,5%) tenían cuatro o más.
3) Todas las industrias farmacéuticas a las que estaban vinculados los 18 tenían medicamentos incluidos en las GPC, destacándose que: a) 11 de sus medicamentos merecieron la calificación de “sustancial o moderada confianza clínica” para trastorno bipolar; b) 9 de sus medicamentos estaban identificados como “probablemente medicaciones óptimas” para depresión mayor; y c) 16 de sus medicamentos fueron identificados como “comúnmente usados” para esquizofrenia.

DISCUSIÓN.
El interés de esta investigación es que estas 3 GPC de la American Psyquiatric Association se toman como estándar de calidad por los médicos clínicos de la Atención Especializada y la Atención Primaria para sus diagnósticos y prescripciones.
En USA, 23 millones de habitantes están “diagnosticados” de depresión mayor, trastorno bipolar o esquizofrenia.
En el SES, 66.500 personas toman medicamentos antidepresivos y 7.700 antipsicóticos, lo cual supone el 7% de las prescripciones y el 11% del gasto.

LIMITACIONES DEL ESTUDIO.
El diseño y alcance del estudio le confiere varias limitaciones: a) algunas vinculaciones probablemente se perdieron porque era difícil detectarlas, con lo que no pudieron atribuirse a los autores; y b) no puede establecer relación causa-efecto, aunque cita un estudio sobre psicología de la persuasión
[1] y la influencia de los pequeños regalos en las preferencias de los estudiantes de los dos últimos curso de Medicina en USA[2]

CONCLUSIÓN.
Los autores de GPC deben declarar sus conflictos de intereses no sólo en las publicaciones sino antes de comenzar la elaboración de los trabajos. Los conflictos de intereses incluyen, al menos, todos los códigos de vinculación elaborados por los investigadores de este estudio.

[1] Cialdini RB: Influence: The Psychology of Persuasion. New York, Quill William Morrow, 1993.

[2] Wazanza A: Physicians and the pharmaceutical industry: is a gift ever just a gift? JAMA 2000; 283: 373–380.

Adenda: Relationships Between Authors of Clinical Practice Guidelines and the Pharmaceutical Industry. JAMA. 2002;287:612-617



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