Comunicaciones y publicaciones científicas fragmentadas: el "efecto chorizo"


(Imagen obtenida de La Posanadet.com)

Desde hace un tiempo a esta parte, se está comenzando a detectar más fraudes científicos de los que a todos nos gustaría. De los que más prevalencia tienen son los relativos a las publicaciones redundantes. Una modalidad curiosa es la denominada en el mundo anglosajón como “publicación salami”. A nosotros, al igual que a Rafa Bravo, nos gusta más el término “publicación chorizo”, mucho más de nuestro ámbito cultural.

Rafa no duda en ir más allá al definir el fenómeno:

Como si fuera un embutido, de ahí el nombre, un trabajo de cierta entidad se corta en porciones menores que serán publicados como artículos independientes en diferentes revistas. Adaptando el termino al castellano, se le podría llamar publicaciones chorizo aludiendo a nuestro embutido autóctono, y de paso a la catadura moral de sus practicantes. Los fragmentos en que se divide, o lo que se ha llamado “unidad mínima publicable”, no aportan aisladamente nada nuevo y se deberían publicar como el todo que fueron en el momento del estudio. Otra definición similar del efecto chorizo podemos verla en Gaceta Sanitaria.

Además, en su página, el Dr.Bravo analiza y categoriza las distintas modalidades de fraude en la publicación de los resultados de la investigación. Magistral, como siempre, ¡Bravo!

Más información sobre este fenómeno podemos encontrarlo en publicaciones como ésta y ésta.

Pero, ¿de verdad es tan importante esta forma de fraude? Sólo dos datos para ilustrar la magnitud de la tragedia:

  • En un artículo publicado en 1999, tres autores escudriñaron entre los artículos publicados en un sólo año en una sóla revista. Encontraron que de los 343 artículos ‘originales’ analizados, 26 (7.6%) tenían cierto grado de redundancia.
  • En el Congreso semFYC Madrid 2008, alrededor del 8% de las comunicaciones presentadas fueron sospechosas, a criterio del comité científico, de presentar el “efecto chorizo” (comunicación personal).

Y ¿cuál es la causa de esta forma de “timo”? ¿Afán de protagonismo? ¿Curriculitis? ¿Tratar de aumentar el factor de impacto de forma artificial al incrementar la tasa de autocitaciones?

Afortunadamente, para arreglar un poco todo este desaguisado, tenemos la COPE. Sí, la COPE. Pero no la Cadena de Ondas Populares Españolas, sino el COMMITTEE ON PUBLICATION ETHICS (menos mal, no es por nada…). Con el fin de informar y concienciar sobre estas prácticas fradulentas, algunos ex-editores de grandes revistas, como son Mike Farthing (Gut), Richard Smith (BMJ), Harvey Marcovitch (Archives of Disease in Childhood) y Fiona Godlee (actual editora de BMJ), crearon este comité cuya labor es impagable.

Entre las joyas que esconde su web, tenemos un apartado de Flowcharts, del cual extraemos este algoritmo que no sólo puede ser útil para los revisores de las revistas, sino que puede servir de advertencia para los investigadores tentados a convertirse en chorizos.

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