Confesiones del Dr. Gavilán: mis problemas con la autoridad


Ahondando en la línea intimista y confesor de estos títulos.
Mi relación con la autoridad no ha sido, honestamente, fácil. Incluso alguna vez, durante la adolescencia y más allá en los primeros años de adultez, me gané alguna amenaza de arresto que otra. Se puede decir que era una época de rebeldía…
Más tarde, pasé a ser crítico con la autoridad. Pero una crítica negativista, sin ningún ánimo de construir, sino casi de fastidiar, al ilustrar la vacuidad del ejecutor del poder.
Con el tiempo, creí más útil pasar a ser constructivo, sin dejar de ser crítico. Incluso comencé, casi sin solución de continuidad, a ser colaboracionista, lo cual me llevó a recibir críticas, a veces merecidas…
Creo que ahora toca ser otra cosa. Aún por definir. Pero probablemente vaya por esta línea que ahora comento.
Hace unos meses, coincidí con uno de esos maestros a los que hice alusión en el post que inauguraba esta saga. Alberto Pardos, médico de familia y facilitador de procesos, había venido a Plasencia a continuar con una tarea que le había encargado la Gerencia meses antes: intervenir en las turbulentas relaciones entre la propia Gerencia y un centro de salud urbano, acreditado para la docencia especializada. Estábamos tomando unos vinos mientras le manifestaba mi descontento y desilusión por entender que “los de arriba” no facilitan la labor de “los de abajo” ni parecen tener ganas de mover un sólo ápice por cambiar ni mejorar las cosas. Y compartimos experiencias mutuas de relaciones complejas con la autoridad y la forma de afrontar dichas relaciones.
Para explicarme una forma eficaz de afrontar estos problemas, me introdujo primero lo que significa la teoría general de los sistemas (de la que tanto había oído hablar durante la residencia y nadie nunca me supo explicar en qué consistía) y lo que es la facilitación de procesos. Y me contó una interesante anécdota que le pasó hacía unas semanas.
Me venía a decir que lo fácil es caer en la confrontación con la autoridad (llámese ésta como se llame), pero que esa actitud no conduce a nada satisfactorio. Entiende él, desde un enfoque sistémico, que en estos casos suele haber una discrepancia en el orden de las preferencias y los valores de cada cual. La actitud más provechosa consiste en 1) tener claro tu esquema de valores y prioridades y 2) hacerles ver las cosas como tú las ves…
El ejemplo que ilustra esta forma de afrontamiento de la discrepancia (según lo recuerdo): Hace unos días ví en el programa Callejeros una escena que me impactó. Era un grupo de guardias locales que trataban de disuadir a un joven ebrio a que entrara a su casa por una orden de alejamiento. La policía no sólo no lograba controlar la tensión del momento, sino que avivaba la ira del chico, de manera que al final se tuvo que pedir refuerzos y reducirlo a la fuerza. Pobre manera de afrontar una situación difícil. Como se trataba de la policía local de mi ciudad, me fui a hablar con el jefe y les ofrecí un taller de afrontamiento de situaciones difíciles. De esta manera podrán adquirir habilidades para evitar confrontamientos que no llevan más que a la frustración.
Sabio este chico. A mi me ha enseñado mucho. Por eso lo considero un maestro. Gracias, Alberto, ¡a ver si consigo ver las cosas algún día como tu las ves!
(Imagen extraída de “Consultoría Interactiva“).


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