Lo urgente nos impide atender lo esencial


Ayer se celebraron acá en Plasencia unas Jornadas para residentes de medicina de familia que todos los años organiza la Sociedad Extremeña de Medicina Familiar y Comunitaria conjuntamente con la Unidad Docente anfitriona. Eventos como este tipo siempre son aprovechados para hablar con compañeros, y, cómo no, compartir inquietudes.

Una de esas personas a las que gusta encontrar es Juan Antonio Linares, que además de un estupendo médico de familia y mejor coordinador de unidad docente (la de Badajoz), es un extraordinario compañero. Me comentaba que, a pesar de que la técnico de salud (Pilar Abaurrea) y él habían acometido una serie de cambios en los últimos años en la Unidad Docente (sistema de acreditación de los tutores por niveles, programa formativo en técnicas de tutorización, incentivación económica a los tutores, liberación de 2 mañanas al mes para tutorización activa con los residentes, etc.), tenían la sensación de que no se estaban cumpliendo los objetivos y que la cosa no iba bien. Y si no va bien en una unidad docente que lleva a cabo todas estas inciativas y muchas más que son demandadas por todos los actores del proceso docente, pues imaginaos cómo está la situación en las unidades donde todo esto nos parece casi utópico siquiera plantearlo…

La amenaza de que la crisis de la Atención Primaria se extienda también a las estructuras docentes está ahí. De hecho, la percepción casi generalizada es que esto no está funcionando. Ni programa de cuatro años, ni portolio, ni libro del residente, ni jornadas de tutorización… Todos parecemos estar viendo morir al monstruo que hemos creado, pero ninguno de nosotros parece que nos estemos dando cuenta de que es cierto, que se está muriendo de verdad! Los políticos nos dicen que debemos debatir. Pero se ha debatido ya mucho. Siguiendo nomencaltura de análisis cualitativo, el discurso del debate de los orígenes y las consecuencias de la crisis de la AP y de la formación sanitaria especializada está saturado. Ya no procede seguir viendo la muerte venir, impávidos. Si aún es posible, impidámoslo, o bien paliemos su dolor, pero la morbosa inactividad o ineficacia no es asumible.

En ello estábamos reflexionando en voz alto Juan Antonio y yo, cuando nos centramos en un hecho que es, quizá, determinante. Nos centramos mucho y desde demasiado temprano en trasmitir la obsesiva inercia de la demanda, de la demora y de la urgencia, a costa de dejar de abordar la cuestión fundamental y esencial que es definir y profundizar en el concepto de lo que es y lo que significa ser médico de familia, sea donde sea que éste desarrollo su labor principal (urgencias, centro de salud, unidad docente, unidad de élite de salvamento marítimo o servicios médicos de RENFE). Desde R1. Desde el primer día.

Obsesión por la demanda, la demora y la urgencia. Lo asistencial. Lo urgente nos invade, y dejamos para otro momento (que nunca termina de llegar) lo esencial. Y así, luego, nos va.

(Imagen extraída de Medicoblog de Familia)



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